LAS REDES SOCIALES, PARA HUMANIZAR
Por: Carlos Orozco Galeana
Hay un sinfín de materiales en los medios electrónicos que invitan a la reflexión, no todo es chisme, entretenimiento vano en las redes sociales. Cada quien escoge los temas que le interesan. Hay numerosos espacios o vínculos hacia aspectos de la religión cristiana y de otras, libros, música, información sobre sucesos económicos, políticos y culturales, y en fin, una oferta digna de verse con atención.
Hay también grupos organizados que abordan temas que les son comunes y que, aparte de ser un vínculo para organizarse, permiten comunicar asuntos cuya naturaleza no está al alcance de cualquiera. Y por supuesto, haciendo el bien, están diversos sitios que proporcionan noticias que algunos medios callan o disminuyen.
Aunque vivimos en un mundo individualista-materialista, hay quienes en las redes comparten temas espirituales que dejan huella y humanizan. Seleccioné uno de ellos, promovido por el doctor Cesar Orozco Sandoval en Facebook, quien aporta pensamientos y criterios muy valiosos.
Dice: Lucha por lo que quieres. Valora lo que posees. Conserva lo que tienes. Olvida lo que te duele. Disfruta con los que te quieren. No guardes rencor a nadie porque no hay que guardar cosas innecesarias en el corazón.
Estas reflexiones, en 39 palabras, son caritativas; si las practicamos, tendremos una vida mesurada, ordenada, generosa y con paz. El Papa Francisco hizo en diciembre pasado unas recomendaciones para vivir mejor y, entre las que recuerdo, está aquella de que comprendamos a los jóvenes y gocemos la vida en familia. Que disfrutemos con los nuestros cercanos y seamos siempre alegres.
Pues ¿para qué complicarnos la vida cuando es tan hermosa, cuando sentimos que Dios nos acaricia a cada momento en un atardecer o cada mañana cuando vemos el sol o sentimos la lluvia, cuando nos regocijamos por tener cerca a nuestro esposo o esposa, a nuestros amigos y familiares, o cuando nuestros hijos e hijas alcanzan sus metas y rebosamos de suficiencia, presumiendo sus logros? ¿Por qué no hacer a un lado los rencores que no dejan vivir, nos enferman y esclavizan? ¿Por qué sentir envidia por lo que otros tienen y porque no podremos acceder a bienes materiales que a otros les sobran y no están ni estarán jamás a nuestro alcance?
La vida es tan corta como para despreciar la gracia inmensa de ser creaturas de Dios, a su imagen y semejanza. La vida es un relámpago en la obscuridad de lo eterno, como la definió un amigo periodista, Jaime Estrada, que murió hace muchos años. Cuando menos se lo espera uno, los años han pasado, los hijos han crecido y buscan sus espacios y es muy triste para cualquiera no haber sabido vivir porque el egoísmo o el espíritu del mal se apoderaron de la conciencia. Jorge Luis Borges dijo que siempre lo persiguió la sombra de haber sido un desdichado y que había sido infeliz, cometiendo así un pecado grave. No caigamos en ese pozo de amargura vivido por él.
Luchemos por lo que queremos, con tesón, pero sin enajenarnos por poseer esto o aquello, no hay que atropellar a nadie. No sentir que fracasamos si, por ejemplo, nos propusimos metas altas que no estaban a nuestro alcance obtener y no las logramos porque eran simplemente imposibles por desmesuradas.
Luchemos en la universidad de la vida hasta obtener no solo licenciatura o maestría sino doctorado en perdonar a nuestros semejantes para evitar un estado de insatisfacción permanente y amargura. Si vivimos anclados al rencor, seremos infelices. El perdón beneficia al que perdona.
Compartamos lo que nos aporta algo bueno a nuestra forma de ser. En el caso de las redes sociales, cultivemos la facilidad que nos dan para expresar cariño o gratitud a las personas al saber de ellas o saludarlas, o tratar aspectos que miran al bien. El Señor Jesús está en la red; aunque algunos no lo crean, Dios está detrás de la inteligencia y el ingenio de sus inventores, como Mark Zuckerberg y otros como él.
Las redes sociales son para crecer, para honrar la vida, para ser humanos. Usémoslas para intercambiar información que nos beneficie a todos. No a los improperios. Un saludo afectuoso a quienes, como el doctor César Orozco Sandoval, piensan y actúan de este modo.

