LA PIEDRA LISA: UN DESLIZ HACIA EL CORAZÓN DE COLIMA

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Por: Rogelio Camarillo Carrillo

En el corazón de Colima, sobre la Calzada Galván, se alza un monolito de poco más de dos metros que lleva generaciones marcando la identidad cotidiana de la ciudad. Conocida como la Piedra Lisa —antes “el Pedregón”—, esta roca volcánica es a la vez tobogán natural, símbolo turístico y depósito de leyendas. Su historia revela cómo una comunidad transforma un accidente geológico en parte esencial de su identidad.

Lo que dice la ciencia

La explicación más sólida apunta a un origen volcánico remoto. Según especialistas, se trata de un fragmento de basalto expulsado hace más de siete mil años por un volcán anterior al actual Volcán de Fuego. Algunos vulcanólogos proponen que su superficie plana y pulida se formó durante el último deshielo glacial, cuando el hielo y el agua generaron deslizamientos naturales. A ello se sumó el uso humano: generaciones de niños y adultos resbalándose por ella han acentuado ese pulido hasta convertirla en una resbaladilla brillante.

Lo que dice la tradición oral

La tradición oral ha tejido varias versiones míticas, y cada una dice algo distinto sobre la comunidad que las cuenta. La más extendida afirma que la roca fue arrojada por el Volcán de Fuego en una erupción antigua. Otra variante, de fuerte carga emocional, narra que una madre, sorprendida por una erupción, abrazó a sus hijos para protegerlos; la lava los petrificó y la espalda de la mujer se convirtió en la superficie lisa que hoy se usa para resbalar. La versión más elaborada, de resonancias prehispánicas, cuenta que una joven desobedeció a su madre —hechicera o sacerdotisa— al enamorarse de un muchacho; la madre la maldijo y la convirtió en piedra, condenándola a ver pasar a las parejas de enamorados sin poder amar jamás.

El debate actual:  turismo, memoria y rigor histórico

Por un lado, las autoridades municipales y la Secretaría de Turismo han capitalizado la leyenda: “quien se resbala en la Piedra Lisa se queda en Colima”, ya sea porque se casa con un colimense o porque sus restos terminan en tierra local. Esta narrativa fortalece el sentido de pertenencia y atrae visitantes.

Por otro, historiadores regionales como Juan Carlos Reyes G. y estudiosos del patrimonio cultural advierten sobre el riesgo de fosilizar el relato popular sin contrastarlo con la evidencia material. A diferencia de otros monumentos prehispánicos o coloniales de Colima, la Piedra Lisa carece de excavaciones arqueológicas sistemáticas o de análisis de fuentes escritas tempranas que la mencionen. Su presencia en postales de finales del siglo XIX y principios del XX confirma su integración temprana al paisaje urbano, pero no aclara si existía algún culto o significado ritual anterior a la época colonial.

Las brechas que quedan

Las brechas de conocimiento son evidentes. No existen estudios interdisciplinarios que combinen petrología, arqueología del paisaje y etnografía contemporánea. Tampoco se ha realizado un inventario crítico de las variantes orales ni una comparación con otros monolitos sagrados del Occidente mexicano. La literatura académica sobre Colima —dominada por la conquista, las instituciones coloniales y la historia política— ha dejado este elemento en el terreno del folklore y el periodismo cultural. Mientras tanto, la Piedra Lisa sigue cumpliendo una función social viva: espacio de juego, de cortejo y de reafirmación identitaria.

Un espejo de la memoria colectiva

En síntesis, la Piedra Lisa condensa la capacidad de una comunidad para resignificar el accidente geológico. Entre la lava de un volcán antiguo y la maldición de una madre prehispánica, el monolito opera como espejo de la memoria colectiva colimense. Cerrar las brechas de conocimiento exigiría un diálogo más estrecho entre geólogos, historiadores y antropólogos, capaz de restituir a este símbolo su densidad histórica sin despojarlo de su poder narrativo. Porque la Piedra Lisa no es solo una roca: es un desliz hacia el corazón de Colima, un lugar donde la ciencia y el mito se encuentran y donde una ciudad entera se reconoce a sí misma.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.