Neoliberalismo a la mexicana

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AMANECER POLÍTICO

Por: Felipe Díaz Cortez

El economista y filósofo austríaco Friedrich August von Hayek suele ser considerado el padre intelectual del neoliberalismo. Milton Friedman también es una figura central, especialmente por popularizar y aplicar sus ideas económicas en la segunda mitad del siglo XX.

La teoría del neoliberalismo sostiene que el desarrollo económico y el bienestar social se favorecen cuando el mercado funciona con la menor intervención posible del Estado. Defiende la propiedad privada, la libre competencia, la apertura al comercio internacional, la reducción del gasto público, la privatización de empresas estatales y la desregulación de la economía. Sus principales antecedentes se encuentran en el liberalismo clásico, y autores como Friedrich Hayek y Milton Friedman contribuyeron a su formulación durante el siglo XX. A partir de las décadas de 1970 y 1980, sus propuestas influyeron en numerosos gobiernos y organismos internacionales. Sus defensores afirman que promueve la eficiencia, la inversión y el crecimiento económico; sus críticos señalan que puede aumentar la desigualdad, debilitar los servicios públicos y concentrar la riqueza. En síntesis, el neoliberalismo propone que el mercado sea el principal organizador de la economía, mientras el Estado mantiene funciones limitadas, como garantizar la seguridad, la propiedad y el cumplimiento de las leyes.

Todo parece perfecto, pero faltan ingredientes muy importantes, como la honestidad, la transparencia y la cero impunidad, tres factores que en México escasearon a más no poder. Mucha corrupción, cero transparencia y excesiva impunidad. Y este no es el neoliberalismo que Hayek y Friedman propusieron, nada que ver. 

Los gobiernos desde Salinas a Peña se dedicaron a robar al pueblo de México, al grado que si sumáramos lo que se llevaron los últimos seis expresidentes, el mismo Alí Babá y sus cuarenta ladrones se asombrarían. Tronaron a todas las empresas públicas para hacernos creer que no funcionaban y así venderlas a sus amigos, como Ricardo Salinas, Carlos Slim o inversionistas extranjeros. 

Y si a eso le sumamos lo que se llevaron gobernadores, presidentes municipales, diputados locales y federales, senadores y funcionarios de primero y segundo nivel, tardaríamos buen tiempo en hacer la suma. Un monto incalculable se puede afirmar.

Ahora lo que hay que cuidar es que los gobiernos de Morena no caigan en uno solo de esos excesos y creo que se puede lograr por la vía de la denuncia razonada, fundada y motivada, nada con el hígado o con un cerebro lleno de estiércol.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.