Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
Para convertirse en una dictablanda, Morena aplica un robo hormiga que le permite concentrar funciones que antes estaban repartidas, reducir el derecho del ciudadano a vigilarlo, y limitar, pieza por pieza, las libertades que podrían denunciarlo. Pero esto no es mi opinión, como quien dice que le gusta la nieve de chocolate: es una premisa que se sustenta lógica y racionalmente.
Primer hecho: desaparecieron el INAI y el CONEVAL. El primero obligaba al poder a responder solicitudes de información; el segundo evaluaba, con rigor técnico y ajeno al gobierno, si sus políticas funcionaban. Efecto: hoy, cuando una dependencia niega información, el ciudadano ya no tiene a quién recurrir fuera de esa misma dependencia. El poder quedó evaluándose a sí mismo.
Segundo hecho, cuyos efectos se desprenden del anterior: funcionarios clave evaden su propia rendición de cuentas. Rafael Ojeda Durán omite propiedades en su declaración patrimonial pese a una hipoteca de 6.3 millones de pesos. Octavio Romero Oropeza tuvo que justificar públicamente un patrimonio ausente de Declaranet. Audomaro Martínez Zapata, exdirector del Centro Nacional de Inteligencia, selló la suya hasta 2029 alegando seguridad nacional. Efecto: la opacidad, antes excepción vigilada, se normaliza como práctica, y la opacidad normalizada es, precisamente, el rasgo distintivo de todo régimen corrupto.
Tercer hecho: la llamada “ley antimemes” discute sancionar el uso de identidad gráfica institucional, con un alcance que la propia discusión legislativa reconoce ambiguo frente a la sátira política. Es el mismo patrón que se intentó con la Ley de Derechos de las Audiencias: regular bajo una justificación razonable para abrir, después, la puerta a la censura previa. Efecto: la crítica empieza a operar bajo amenaza, no bajo garantía; y así como el hecho anterior propició la corrupción, este propicia la autocensura.
Cuarto hecho, el más contundente: la Corte cambió de naturaleza. En 2023, la entonces Suprema Corte invalidó el Plan B electoral de AMLO con nueve votos contra dos; solo Yasmín Esquivel y Loretta Ortiz Ahlf —ambas nombradas por el propio AMLO— votaron en contra. Hoy, tras la reforma judicial, la nueva Corte integrada por el método de elección popular ha resuelto sistemáticamente a favor del oficialismo: de las 240 controversias y acciones de inconstitucionalidad que resolvió entre septiembre de 2025 y enero de 2026, los gobiernos de oposición solo obtuvieron resoluciones favorables en 15.8% de los casos, según un análisis de N+. Es decir, perdieron más de ocho de cada diez. Efecto: el contrapeso que en 2023 pudo frenar al Ejecutivo hoy vota con él.
Quinto hecho: la iniciativa de nacionalidad única condiciona el acceso a la Presidencia, gubernaturas y la Jefatura de Gobierno de la CDMX a renunciar a la doble nacionalidad. No se elimina el derecho; se vuelve más caro ejercerlo. Efecto: un desincentivo silencioso, que nunca aparece como prohibición, pero opera como una.
Cada hecho, visto por separado, admite matices y explicaciones particulares. Pero la inferencia no está en los hechos aislados, sino en su análisis integral: un poder que se queda sin quien lo evalúe, sin quien lo audite, sin crítica que lo incomode y sin un Poder Judicial que lo frene, es por definición un poder que ya no rinde cuentas a nadie más que a sí mismo.
De ahí la conclusión, que no es meramente mi opinión sino la consecuencia lógica de lo anterior: el régimen es cada vez más autoritario, porque normaliza instrumentos de censura y opacidad; más autócrata, porque se evalúa y se vigila a sí mismo; más centralista, porque absorbió funciones que antes eran autónomas; y más antidemocrático, porque perdió, en los hechos, el contrapeso de una Corte que antes limitaba sus excesos conforme a la Constitución. Así transitamos de una democracia con contrapesos constitucionales y respeto a la libertad de prensa y de expresión, a una dictablanda: autoritarismo institucional con buenos modales.
Así operan la presidenta Sheinbaum y Morena el robo hormiga: ninguna pieza, por sí sola, parece un golpe a la democracia. Y eso es lo más doloroso de esta modalidad de robo: ni siquiera nos damos cuenta de cuándo fuimos víctimas; en este caso concreto, de cuándo nos están quitando nuestros derechos y libertades.
Dos puntos
Mi pésame a la familia del periodista Héctor Villa, quien falleció el pasado lunes. Quienes lo conocimos en el trajín periodístico reconocimos en él a un profesional comprometido con la labor social de informar, que ejerció con verdadera vocación durante décadas en diversos medios de comunicación, principalmente en Meganoticias, donde por muchos años condujo el espacio informativo.
También destacó en el área de comunicación social durante los gobiernos de Ignacio Peralta y, después, de Indira Vizcaíno, en la Secretaría de Seguridad Pública, donde igualmente cumplió con diligencia.
Su muerte repentina entristece a quienes tuvimos la fortuna de conocerlo: un ser humano alegre y ocurrente, hincha del club América, que siempre saludaba con un fuerte apretón de manos.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.






