Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
El PRI y el PAN tienen la oportunidad de hacer política distinta al partido en el poder: un proceso transparente para elegir a su candidato a la gubernatura, frente a Morena, cuyo proceso fue impugnado por sus militantes y cuyo resultado el padre de la gobernadora había anticipado con un año de antelación.
Si quieren un mensaje de unidad y contraste con el oficialismo, el proceso no puede ser una designación cupular disfrazada de encuesta: debe permitir que la ciudadanía conozca las reglas antes del resultado.
El contraste no está en decir que son democráticos, sino en demostrarlo. Si la decisión recae en una encuesta, ésta debe hacerse pública —metodología, muestra y mecanismos de auditoría— y recoger también la percepción ciudadana, pues la candidatura no sólo competirá por votos priistas y panistas, sino por un electorado más amplio. No basta con anunciar al ganador; hay que explicar por qué ganó. Ahí está la diferencia con lo que sucedió en Morena.
Eso no debilita a los partidos: los fortalece. Una candidatura con reglas conocidas aglutina mejor a quienes pierdan la contienda interna: podrán cuestionar el resultado, pero no las reglas, si fueron acordadas desde el principio.
Reitero lo que he expuesto en otras columnas: el problema no es competir; es imponer. Las disputas se vuelven fracturas cuando las reglas se perciben hechas para producir de antemano un resultado. Una competencia equitativa, en cambio, genera un ganador y preserva la unidad. Esto porque confirma los liderazgos, los pone a prueba.
Por eso, Mely Romero y Riult Rivera deberían exigir máxima transparencia: se evita la injusticia y se legitima la decisión. La regla: quien resulte mejor posicionado bajo un método conocido y auditable encabeza el proyecto; quien no, se suma.
Ese sería el verdadero contraste con Morena: no sustituir una imposición por otra, sino demostrar que la oposición resuelve democráticamente lo que critica del oficialismo. Una candidatura puede imponerse desde una cúpula; el liderazgo, no. Y si el PRI y el PAN quieren una alternativa competitiva, deben entender que la unidad se construye desde reglas que todos acepten, antes de saber quién ganará.
Dos puntos
La presidenta Sheinbaum negó que la ley de protección a la imagen institucional fuera una “ley antimemes”. Sin embargo, en el Senado, el presidente de la Comisión de Justicia, Javier Corral, presentó una reserva al artículo 403 Bis: redujo la pena y acotó el delito, que ahora sólo se configura si hay intención explícita de engañar sobre el origen oficial de un documento atribuido a una institución pública, no por el simple uso de símbolos oficiales. Si la redacción original no abría espacio para la sátira, ¿por qué cambiarla? La inteligencia artificial ha multiplicado memes y contenidos satíricos sobre personajes públicos —como La Casa de los Mañosos, que exhibe desde la sátira a figuras del oficialismo—. Una cosa es hacerse pasar por una institución pública para engañar, y otra muy distinta usar sus símbolos para ridiculizar al poder: en una democracia, éste debe poder ser objeto de crítica y sátira, sin que una ley ambigua termine silenciándola. Esta clase de ejemplos muestran la importancia de la crítica. Bien por la oposición en el senado que exhibió esta intentona del régimen por seguir limitando los derechos ciudadanos.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.






