Ventana Política
Por: Guillermo Montelón Nava
Morena encontró una fórmula para adelantarse al calendario electoral sin reconocer que está haciendo campaña anticipada y que con ello viola las leyes: Le cambia el nombre a la candidatura y con ello le quiere ver la cara de todos a los ciudadanos, cuando todo mundo los observa y critica por ello.
Ya no se habla de precandidata. Ahora se habla de una “Coordinadora Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”. Pero cuando esa coordinadora es presentada públicamente, recorre el estado, reúne estructuras políticas, aparece en propaganda y es tratada por sus propios compañeros como la persona que encabezará la contienda por la gubernatura, resulta inevitable preguntar: Estamos ante una candidatura disfrazada.
El caso de Colima tiene un ingrediente todavía más preocupante: la encuesta que supuestamente decidió quién sería la coordinadora no ha sido transparentada.
Morena afirma que Rosa María Bayardo fue seleccionada mediante una encuesta. Sin embargo, la propia presidenta estatal del partido, Mitzuko Márquez Monroy, reconoció que desconoce los resultados numéricos de esa medición y hasta la empresa que la realizó, como se publicó aquí en Colima Noticias.
Entonces surge una pregunta elemental: ¿cómo puede la militancia y, sobre todo, la sociedad colimense confiar en un procedimiento cuyos resultados nadie conoce?
Una encuesta democrática no debería ser un acto de fe.
Y en Colima hay otro dato que hace todavía más difícil creer que se trata solamente de un ejercicio interno de Morena: la promoción de Rosa María Bayardo viene de tiempo atrás con todo el apoyo del gobierno del estado.
Los partidos PRI, PAN y Movimiento Ciudadano ya habían señalado propaganda y actividades que, desde su perspectiva, buscaban posicionarla anticipadamente ante el electorado. Entre los elementos denunciados estuvieron bardas, lonas, folletos, calcomanías y mensajes como “Es Rosi” y “¡Hace que las cosas sucedan!”. El Tribunal Electoral del Estado determinó que en los procedimientos revisados no se acreditaron actos anticipados de campaña; algunas de esas resoluciones fueron impugnadas ante instancias federales. Una burla más.
Por eso resulta legítimo preguntar si la figura de coordinadora no está siendo utilizada para prolongar una campaña que comenzó mucho antes de que oficialmente existiera una candidatura. obviamente eso generó inconformidad y suspicacias entre quienes forman parte del bloque político que llevó a Morena al poder en Colima.
Joel Padilla, dirigente del PT y uno de los aspirantes registrados al proceso, sostuvo que la selección no había concluido y que Bayardo era candidata de Morena, no del PT, porque todavía faltaba la encuesta acordada entre los partidos aliados. Más recientemente, el PVEM solicitó una encuesta adicional para Colima, señal de que tampoco considera cerrado el procedimiento para definir la candidatura común.
Si ni siquiera los partidos que pretenden caminar juntos rumbo a 2027 tienen claridad sobre cómo se tomó la decisión, ¿cómo pretende Morena convencer a los ciudadanos de que todo fue transparente?
Y Mientras Morena insiste en que todavía no hay candidatura, los grupos políticos comienzan a operar como si la hubiera. Mientras se habla de una coordinación, aparecen las estructuras territoriales.
Ese es el verdadero problema. No se trata de cuestionar que Morena tenga derecho a elegir a quien considere para competir por la gubernatura. Todos los partidos tienen ese derecho. El problema aparece cuando una figura interna se convierte, en los hechos, en una plataforma de posicionamiento electoral y se pretende que las reglas electorales no sean aplicables porque todavía no se pronuncia oficialmente la palabra “candidata”. Eso es un insulto a la inteligencia.
Y hay algo más que Morena debería explicar: ¿cuánto está costando todo esto?
Desde marzo pasado, dirigentes de oposición ya habían exigido transparentar los recursos utilizados en la promoción de Bayardo y cuestionado quién estaba financiando esas actividades. ¿Quién paga la propaganda? Organizar reuniones, recorridos, hacer pintas, imprimir volantes y propaganda cuesta, ¿Quién lo está financiando?
¿Se están fiscalizando estos gastos? Porque la democracia no solamente se puede vulnerar el día de la elección, sino con estas violaciones.
También puede vulnerarse mucho antes, cuando un partido utiliza su estructura, recursos y poder político para posicionar a una persona mientras sus adversarios todavía están obligados a respetar los tiempos legales.
Colima merece una elección limpia. Merece saber quién decidió realmente la candidatura de Morena, los datos de la encuesta y cuánto dinero se ha gastado.
Y merece que las autoridades electorales vigilen desde ahora, no cuando las campañas hayan terminado, si existe una ventaja indebida construida durante meses.
Morena puede esconder todo lo que quiera, pero hay algo que no puede esconder: los hechos políticos que están ocurriendo frente a los ojos de los colimenses, incluyendo la inconformidad de aliados.
Con ello no solo se pone en riesgo la unidad interna de morena, sino que la democracia corre el riesgo de convertirse en una escenografía. Y Colima lo que necesita elecciones con reglas claras, dinero transparente y piso parejo para todos.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.






