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EL ARTE DE DECIR UNA COSA Y HACER OTRA

Por: Gustavo L. Solórzano

Hay una forma muy elegante de destruir un equipo, una familia o una comunidad sin levantar la voz. No se necesitan gritos ni portazos. Basta con dominar un arte viejo: el doble discurso. Es esa habilidad de decir “estamos juntos en esto” en la reunión, y por la espalda susurrar “con ese no se puede”. Es manejar dos libretos. Uno que suena a unidad, a valores, a trabajo en equipo. Y otro, el verdadero, que siembra duda, que divide, que protege solo intereses propios.

El problema no es que alguien mienta. El problema es que nos obliga a vivir en dos realidades distintas. Y cuando un grupo vive en dos realidades, se rompe. Lo he visto en todas partes. En la oficina, donde el discurso oficial es “aquí todos importan”, pero las decisiones se toman en lo oscurito con dos o tres. En la colonia, donde se pide participación ciudadana en el micrófono, pero se descalifica al vecino en el chat privado. En la política, donde el doble discurso ya es estrategia: abrazo en público, puñalada en privado.

¿Por qué es tan efectivo para desunir? Porque ataca los tres pilares de cualquier comunidad.

Primero, mata la confianza. Si escucho que a mí me dices una cosa y a otro le dices lo contrario, automáticamente dejo de creerte.

Segundo, mata la comunicación. Dejamos de hablarnos de frente y empezamos a hablarnos a espaldas. El chisme sustituye al diálogo. El “me dijeron” sustituye al “yo vi”.

Tercero, y es lo más grave, mata el propósito. Ya no jalamos parejo. Cada quien empieza a cuidar su versión de los hechos.

La desunión, casi siempre, no inicia con una gran traición. Inicia con un pequeño doble discurso que nadie se atrevió a señalar. Se deja pasar por no incomodar, por no hacer olas. Y esa pequeña grieta, con el tiempo, se vuelve zanja.

¿Cómo se combate? No con más discursos de unidad. Se combate con coherencia radical.

 Con gente que se atreva a decir lo mismo, respetuosamente, en la mesa y en el pasillo. Que tenga el valor de sostener una conversación incómoda de frente, en lugar de administrar simpatías por la espalda. Que entienda que su conducta es su verdadero mensaje.

Al final, la unión no depende de que todos pensemos igual. Eso nunca va a pasar y ni siquiera es deseable. La unión depende de que tengamos el valor de decirnos la verdad en el mismo idioma, fr ente a todos y siempre respetando las diferencias. Lo demás es puro ruido.

ABUELITAS:

Llega un nuevo mes, y con él, las palabras partidistas empiezan a tomar un cauce añejo. La descalificación y la ofensa, están a la orden del día, todos los que opinan tienen al mejor candidato o candidata.  Bueno sería que todos, con la misma vehemencia que critican, sumaran a un buen proyecto por Colima, pleno de propuestas y colaboración pareja. Es cuanto.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.