Sociedad de la Información
Por: Luis Alfonso Polanco Terríquez
La reciente difusión en redes sociales de dos fotografías institucionales captó la atención del escenario político en Colima. En un mismo día y de manera escalonada, la gobernadora del estado, Mtra. Indira Vizcaíno Silva, sostuvo encuentros bilaterales con dos activos políticos de incuestionable peso local. Más allá del ruido mediático, las especulaciones coyunturales y los juicios sumarios emitidos tanto por sectores del oficialismo como de la oposición, este hecho exige una lectura analítica sobre la gobernabilidad y el ejercicio del poder en la entidad.
El primer encuentro involucró al Mtro. Federico Rangel Lozano, figura de dilatada trayectoria en la función pública: exsecretario de Educación, exdiputado local, expresidente municipal de Colima, exdirigente del Partido Revolucionario Institucional y ex integrante de Movimiento Ciudadano. Hoy, desde una posición independiente como regidor, Rangel Lozano representa un perfil caracterizado por el arraigo comunitario y la experiencia administrativa. No obstante, su capital político ha sido reiteradamente desplazado o ignorado por las cúpulas partidistas que en su momento abanderó, reflejando la incapacidad de dichas estructuras para retener liderazgos consolidados.
Por su parte, la Mtra. Esther Gutiérrez Andrade, presidenta municipal de Villa de Álvarez, protagonizó la segunda reunión. Su gestión al frente de uno de los municipios más dinámicos del estado cuenta con el aval de una reelección consecutiva y con el reconocimiento derivado de indicadores medibles en materia de desempeño gubernamental. Pese a posicionarse como uno de los cuadros más competitivos y con mayor proyección social dentro de su bloque político, así como dentro de la misma 4ta, por ser una de las mejores alcaldesas de nuevo milenio en Colima, su figura enfrenta constantemente las tensiones internas y los estrechos márgenes de valoración que imperan en las dirigencias opositoras.
La necesidad de la gobernabilidad y el pragmatismo institucional. El acercamiento de la titular del Ejecutivo estatal con ambos liderazgos no debe interpretarse como una mera coincidencia o un simple gesto de cortesía protocolaria. En la práctica administrativa, la gestión de recursos, la infraestructura metropolitana y la atención a las demandas ciudadanas exigen canales abiertos de coordinación entre los distintos órdenes de gobierno e interlocutores clave. La madurez política radica en anteponer la efectividad institucional y el bienestar colectivo a las diferencias ideológicas. En este sentido, la convergencia entre la mandataria estatal y dos actores con representatividad territorial responde a un pragmatismo necesario para la estabilidad regional.
Para reflexionar. Asimismo, este escenario expone una severa miopía en las dirigencias de los partidos de oposición. Al perpetuar dinámicas de exclusión, postergar a sus perfiles mejor posicionados y privilegiar cuotas de grupo o figuras de alto costo y bajo rendimiento, las estructuras tradicionales terminan erosionando su propio capital electoral. La incapacidad para cobijar y respaldar a sus liderazgos naturales genera un vacío de poder que el oficialismo aprovecha de manera estratégica. El distanciamiento entre las dirigencias y sus cuadros más competitivos es el preludio inevitable de la fuga de talentos y el debilitamiento de la alternativa opositora. En tiempo actuales soñar y decir sin concretizar como lo hace el PAN y el PRI cuando Morena va definiendo se pierde espacio y tiempo.
Para despedirme. La publicación de estas reuniones trasciende la inmediatez de la nota digital: representa un síntoma claro de la reconfiguración de las fuerzas políticas en Colima. Si las dirigencias partidistas persisten en marginar a sus cartas más sólidas y sustituir la eficacia por inercias internas, el costo político en las urnas será inevitable. En el escenario gubernamental contemporáneo, la ciudadanía y los actores relevantes siempre buscarán los espacios donde el trabajo, la representación real y los resultados tengan cabida, independientemente de los colores o las siglas.
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