PARA CONSTRUIR UNA DICTADURA

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Por: Noé Guerra Pimentel

Sin pretender descubrir el hilo negro y reconociendo que habrá estudios al respecto, me circunscribo a lo que de alguna forma ya es parte o debe serlo, de la cultura general, para ver lo que está pasando sin que, como sociedad, hayamos atinado actuar para contener lo que ante nuestros ojos está ocurriendo y que, por pasividad, nos ha hecho cómplices. Como gustoso de la historia y observador, veo un patrón histórico recurrente en este fenómeno que ha destruido y continúa destruyendo naciones enteras y que es necesario consignar, aunque sea como advertencia, puntualizando que no hay dos dictaduras idénticas, pero todas, de derecha o de izquierda, civil o militar, ha seguido al menos estos 10 coincidentes pasos.

  1. Capitalizar una crisis. Ninguna dictadura nace en la estabilidad. Surge de una guerra perdida, una hiperinflación, una inseguridad desbordada o una humillación nacional. El dictador no crea la crisis, la convierte en su acta de nacimiento: “El país se hunde y solo yo puedo salvarlo”. Si no existe, hay que inventarla. En México, ocurrió y permanece. 2. Inventar un enemigo. Para unir, hay que dividir. Se señala a un chivo expiatorio: la oligarquía, los neoliberales, los conservadores, los comunistas, los inmigrantes, los traidores, el imperio, los imperialistas. Un enemigo abstracto, culpable de todo, imposible de derrotar del todo, lo que justifica todo. Igual que la anterior.

 

  1. Presentarse como el ser (mujer u hombre) providencial ajeno a la política. No es un partido, es un movimiento. No es político, es patriota. No promete administrar, promete redimir. Su legitimidad no viene de la ley, sino de la Historia, del pueblo, de Dios. (¿Nombres?) 4. Dinamitar la legitimidad de las instituciones intermedias. Cámaras o Parlamento, jueces, prensa, universidades, órganos electorales. Se les acusa de ser nido de corruptos, vendidos, obsoletos. El objetivo no es reformarlos, es vaciarlos de confianza pública para que cuando caigan, nadie los defienda. Demasiado tarde, en México ya no existen, un decreto los borró en febrero del 2025.

 

  1. Monopolizar la información y la emoción. Primero se acusa a la prensa de mentir. Luego se crea un aparato de propaganda propio. No se busca convencer con datos, sino movilizar con emociones: miedo, agravio y orgullo. El algoritmo actual es el aliado perfecto de este paso. Ya se descalificó, se persiguió, se acosó, se desacreditó, se desapareció, se asesinó y vamos por la abierta censura. 6. Cooptar a las élites económicas y de seguridad. Ninguna dictadura sobrevive sin dinero y sin armas. Se ofrece a los empresarios estabilidad y contratos a cambio de silencio. A los militares y policías, presupuesto, fueros y enemigos para combatir. Desde hace 8 años aquí ya es un hecho.

 

  1. Darle fachada legal a la ruptura. El dictador moderno no quema la Constitución el primer día, la usa. Llama a referéndums, aprueba leyes habilitantes, reforma la Carta Magna, crea tribunales ad hoc. La dictadura se viste de democracia para enterrar a la democracia desde dentro o, simplemente la desconoce: “A mí no me vengan conque la ley es la ley” o, por “sentido común”. 8. El culto a la personalidad y la mística del régimen. El líder es el Estado. Su rostro en todas partes, su nombre en todo. Se crea una liturgia: desfiles, lemas, colores, juventudes. La crítica deja de ser disenso y se convierte en “traición a la patria”. Lo han intentado y lo harán. Si lo permitimos.

 

  1. La purga y la prueba de lealtad. Llegan las primeras purgas. Se elimina al moderado de su propio movimiento, al general incómodo, al empresario que dudó. Se obliga a todos a cruzar una línea ética. Una vez cómplice, ya no hay regreso. Es el llamado Fragging y está en su momento más álgido. 10. Instaurar la emergencia permanente. La dictadura nunca normaliza el país porque vive de ella. Si se acaba un enemigo, inventa otro. Si se acaba una crisis, decreta otra. En emergencia permanente, no hay Constitución que valga, ni economía que rinda cuentas, ni sucesión posible. México lo vio “Como anillo al dedo”, con Santa Anna, Juárez, Díaz y Calles.

La lección ahí está: no todas las dictaduras llegan con tanques. Llegan con votos, con aplausos y con el permiso social de quienes, por miedo o esperanza, decidieron creer que para salvar al país había que suspenderlo. Eso hicieron alemanes, italianos, cubanos, venezolanos, etc., ahí están sus resultados.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.