Plan B, Morena Colima: Alcalde de Colima

0

Sociedad del Conocimiento

Por: Luis Alfonso Polanco Terríquez

Mely Romero Celis es la virtual candidata del PRI a la gubernatura del estado para el proceso electoral de 2027. Sin embargo, esta prospectiva parece no estar clara para los cuadros priistas que laboran en el ayuntamiento capitalino. Dentro de la comuna conviven trabajadores independientes y militantes del PRI; estos últimos promueven abiertamente la candidatura del alcalde en turno, desestimando la línea institucional de su propio partido. Resulta contradictorio que el secretario del Ayuntamiento —habiendo presidido previamente el Comité Directivo Estatal del PRI— mantenga una postura omisa ante esta fractura de la disciplina interna.

El presidente municipal de Colima pareció relegar desde el inicio de su gestión a la fuerza política que lo impulsó en primer término: el Partido Acción Nacional. En la distribución ejecutiva de la administración local, la militancia blanquiazul fue desplazada a planos secundarios. Por ello, resulta explicable que los sectores de este partido hayan sido los primeros en manifestar su disconformidad, exacerbada además por el evidente deterioro en la prestación de los servicios públicos municipales.

En el ámbito demoscópico, a pesar del significativo gasto en comunicación social y redes digitales —en órdenes de magnitud comparables a los del ayuntamiento de Manzanillo—, el edil no ha conseguido superar en preferencia a perfiles como Mely Romero ni a Virgilio Mendoza. El elemento más indicativo de este desgaste es que incluso la dirigente estatal de su propio partido, Julia Jiménez, registra una mejor posición en las encuestas rumbo a la gubernatura.

En los órganos de dirección nacional del PAN, en la Ciudad de México, existe pleno conocimiento sobre el desgaste de la imagen del edil, derivado de las deficiencias en la gestión de los recursos públicos, la falla en los servicios básicos y el distanciamiento con las bases panistas. Las gestiones del alcalde ante la sede central han encontrado reservas institucionales debido al saldo de su desempeño local, en pocas palabras se dice que ya ni lo reciben que incluso Acción Nacional ya encontró su propia propuesta a la gubernatura que será anunciada en los próximos días por la dirigente del PAN.

Para reflexionar. En el plano de la prospectiva política, resulta apresurado sostener que la administración estatal carezca de una estrategia sucesoria. Desde el proceso electoral de 2024 se vislumbraba una ruta definida. El primer objetivo consistió en neutralizar la reelección de Margarita Moreno González bajo las siglas de la coalición PRI-PAN, dado que representaba una figura competitiva para 2027. El segundo paso buscó contener el avance de la opción representada por Movimiento Ciudadano en la alcaldía capitalina, forzando un escenario adverso para dicha fuerza política.

El tercer paso consistió en consolidar a un perfil opositor de baja resistencia frente a Morena; una figura orientada más a la narrativa voluntarista que a la solidez de principios y proyectos de gobierno. Tras la toma de protesta de Riult Rivera Gutiérrez como alcalde de Colima, sectores priistas alineados con la estrategia oficialista comenzaron a promoverlo como el candidato “ideal” de la oposición. La paradoja radica en que la militancia de Acción Nacional ha mostrado mayor perspicacia estratégica para advertir esta dinámica que la propia estructura del PRI.

En el marco de la actual sociedad del conocimiento, donde el flujo de información es inmediato y el escrutinio ciudadano se apoya en datos y resultados observables, la construcción de candidaturas mediante esquemas tradicionales resulta insuficiente. La ciudadanía informada evalúa métricas reales de desempeño gubernamental y detecta con mayor facilidad la instrumentalización del gasto público. Pretender sustituir la eficiencia administrativa con propaganda digital desconoce la madurez de un electorado que exige solvencia técnica y coherencia ideológica.

Resulta poco sustentable la tesis de algunos simpatizantes del alcalde que sugieren una eventual simpatía de la Ejecutiva estatal hacia su proyecto. Se omite que, meses atrás, las plataformas mediáticas afines al oficialismo desplegaron críticas sistemáticas hacia la administración municipal para delimitar su margen de maniobra. No obstante, el reposicionamiento de Virgilio Mendoza en la escena política obligó a reajustar el diseño original, movilizando a sus aliados en el PRI para desacreditar la viabilidad de una gran coalición opositora.

En el escenario de una eventual suplencia, si Riult Rivera fuera candidato, la figura del doctor Guillermo Villa plantearía un ajuste en la conducción municipal. Como profesional de la medicina, su gestión difícilmente asumiría los pasivos financieros acumulados, la nómina irregular o las erogaciones desproporcionadas en medios de comunicación contratadas por la administración saliente. Si el alcalde no consolida la postulación por el PAN ni por el PRI, la continuidad de sus seguidores quedará a prueba al margen del presupuesto público. En pocas palabras no lo seguirán a otra aventura pasional. El desarrollo del calendario político determinará el desenlace

Para despedirme, el perfil de Morena para Colima en 2027 y ya confirmado es Rosa María Bayardo Cabrera. Dentro de esta estrategia, la ficha para evitar una gran alianza opositora es Riult Rivera Gutiérrez, alcalde de Colima. Los tres años de campaña de ambos demuestran esta realidad. Si el senador Virgilio Mendoza no se hubiera rebelado, a Morena no le importaría quién fuera el candidato de la oposición. El tiempo dirá si acertamos o nos equivocamos.

Nos vemos en otra entrega.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.