La mordaza democrática con piel de oveja

0

VENTANA POLÍTICA

Por: Guillermo Metelón Nava

Los gobiernos verdaderamente democráticos gobiernan con resultados. Los gobiernos inseguros gobiernan con narrativas. Pero cuando la narrativa comienza a resquebrajarse, la tentación de controlar la información aparece como un recurso para prolongar el poder, pero me parece que para la 4T ya es demasiado tarde.

Bajo el discurso aparentemente noble de proteger los derechos de las audiencias, la Cuarta Transformación impulsa mecanismos regulatorios que han despertado preocupación entre periodistas, especialistas y organizaciones defensoras de la libertad de expresión. Y es que no solo quieren controlar a los medios tradicionales, también van contra los portales digitales, creadores de contenido, plataformas y millones de ciudadanos que todos los días ejercen su derecho constitucional a opinar desde un teléfono celular. De echo será un atentado contra la libertad individual.

La crisis de este régimen de cuarta los tiene ya al borde de la desesperación, no solo por su desgaste político que ellos han acelerado, sino por la avalancha de errores, desaciertos y, sobre todo por los excesos de corrupción y falta de legitimidad de origen. A ello se suma su cada vez más evidente complicidad con las organizaciones criminales.

Mientras los problemas de inseguridad se agudiza, la economía sigue estancada, la pobreza sigue en aumento, las relaciones con el vecino del norte son más tensas y las disputas internas del oficialismo son cada vez más visibles y cuando diversos casos de corrupción descarada, nepotismo y vínculos indebidos con grupos criminales siguen alimentando el debate público y erosionando la confianza ciudadana, pretenden desviar la atención generando una distracción con una polémica que solo reaviva todos los factores de la crisis del régimen.

Está claro que les preocupa el proceso electoral de 2027 que ya comienza a dibujarse Será la primera gran prueba para medir la fortaleza real del proyecto político gobernante que, por ambición desmedida está cavando su propia tumba.

Para este gobierno que sí miente, que sí roba y sí traiciona, las críticas son una conspiración, las denuncias periodísticas son ataques, campañas de la derecha; los reclamos son manipulados, los ciudadanos son adversarios. Y dicen que  nada está mal en el país, ni los trenes se descarrilan, solo se salen de las vías.

El autoritarismo ya está en la puerta. No hará falta clausurar periódicos ni encarcelar periodistas para restringir la libertad. Basta con sembrar incertidumbre jurídica, crear autoridades con facultades ambiguas, imponer obligaciones sujetas a interpretación o establecer sanciones que induzcan la autocensura.

La censura del siglo XXI ya no necesita tinta negra sobre los textos. Le basta con el miedo, porque el periodista que teme una sanción investiga menos. El conductor que teme perder su espacio pregunta menos. El empresario que teme represalias invierte menos en periodismo crítico. Y el ciudadano que teme consecuencias termina por callar.

Ese es el triunfo más perverso de cualquier intento de control: que el silencio sea voluntario.

Lo paradójico es que, el movimiento que llegó al poder denunciando la censura del antiguo régimen, hoy está dispuesto a construir sus propios mecanismos de vigilancia sobre la conversación pública. Cambian los nombres. Cambian los discursos. Pero la tentación de controlar la crítica sigue siendo la misma.

La democracia no se fortalece cuando el gobierno decide qué información merece circular y cuál no. Se fortalece cuando incluso las voces más incómodas pueden expresarse sin temor, porque la libertad de expresión no fue concebida para proteger opiniones agradables. Fue creada para proteger precisamente aquellas que incomodan al poder.

 Pero ceguera de Morena no les permite ver que el problema no es que la sociedad hable demasiado. Sino que, en su soberbia, son un gobierno que no escucha y la simulación de sus foros y consultas son una vil burla.

Si realmente quisiera proteger a las audiencias, concentraría sus esfuerzos en garantizar transparencia, combatir la impunidad, fortalecer el acceso a la información pública en lugar de esconderla y responder con hechos a las investigaciones periodísticas.

Pero resulta mucho más sencillo intentar regular al mensajero que corregir aquello que el mensaje denuncia. Con ello hoy México entra en una etapa decisiva de su vida política, ya que en el proceso electoral del 2027 no sólo estarán en juego gubernaturas, congresos y ayuntamientos. También estará a prueba la madurez democrática del país y la capacidad de sus instituciones para resistir cualquier intento de concentración del poder. Hoy vale recordarle a este régimen que la libertad nunca desaparece de un día para otro. Se erosiona poco a poco, con pequeñas restricciones, con organismos “protectores” y leyes redactadas en nombre del pueblo. Ojalá el pueblo esté atento y actúe a tiempo.

Y quien pretende administrar la libertad de expresión termina revelando, sin proponérselo, aquello que más teme: el juicio de una sociedad libre e informada.

Porque ningún gobierno intenta controlar la palabra cuando confía en sus resultados. Sólo lo hace cuando empieza a temer el veredicto de las urnas. 

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.