¡SÍ! ¡QUE PIDAN PERDÓN!

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Por: Noé Guerra Pimentel

De pronto uno escucha y ve posiciones que, además de arrogantes y ridículas, rayan en una presunta ignorancia, cuando sabemos que no son más que la ordinaria manipulación para distraer o justificar torcidas acciones. Posturas como esa de exigir que España le pida perdón a México por los daños causados, cuando México o los Estados Unidos Mexicanos, como oficialmente se reconoce, entendiéndolo como Estado-Nación, no existió, sino que apenas se esbozó hasta 1823 con el surgimiento de la República Mexicana y, cuando por los hechos que se acusa (1519-1521), España tampoco era España, sino el reino de Castilla.

Insistir en esa absurda necedad como bandera política, es desconocer o intentar borrar la evidencia de más de 300 años en los que españoles, hombres y, después, mujeres, cruzaron el océano trayendo consigo mucho más que guerra, armas y banderas, sino semillas, animales, herramientas técnicas, costumbres, saberes, su propia sangre y la cultura que, indiscutiblemente enriquecieron la vida en América. Legado que perdura en nuestra cocina, lengua y forma de ver y entender el Mundo. Trajeron cultivos que revolucionaron la alimentación en América y que hoy son esenciales en nuestra dieta, platos y mesas mexicanas.

Trigo, arroz, caña de azúcar, la vid y el olivo, los cítricos: naranjas, limones y limas; el ajo, la cebolla y la lechuga; el plátano, el garbanzo, el melón y el higo; entre otros, como varias razas de animales, no olvidar que muchos de los que ahora son tan comunes, hace medio milenio acá no eran conocidos, como el caballo, el burro, la vaca, el cerdo, la oveja, la cabra o chivo, igual que la gallina, la abeja melífera. Un producto especial para Colima, el coco, sin olvidar la Palma datilera, el algodón, el añil, el tabaco, viajero del Caribe a Europa a través de España y América. Las especias, como la canela, el clavo, la pimienta, la nuez moscada.

Los españoles también vinieron con sus tejidos, prendas y técnicas que vistieron a generaciones y dieron origen a nuevas modas y tradiciones. La lana, el lino y el algodón, fibras cuya industria floreció para traer diseños, cueros y técnicas de curtido para el calzado y los sombreros, así como otros accesorios, como cinturones, bolsas, guantes y arreos, junto con tecnología, como los telares, hilados, tintes, agujas y el conocimiento de sastres, tejedores y demás. Pero no solo fue la ropa, trajeron identidad y belleza, conocimientos, fe y progreso.

Mucho más que productos, con ellos vino otra forma de civilización junto con alimentos, animales y ropa; trajeron: educación, arte, ciencia, fe y organización, crearon ciudades, universidades y justicia, un legado que perdura, que es parte de nosotros, con la institución de escuelas, bibliotecas e imprentas; el saber con la escritura y el deseo de aprender fe y valores con el cristianismo y la construcción de iglesias, que hoy son parte de nuestra escenografía urbana con arquitectura y arte que por igual se aprecian en modestas parroquias como grandes catedrales, puentes y caminos, un legado arquitectónico que asombra al mundo.

Con el idioma que desde hace centurias hablamos la mayoría, también trajeron a estas tierras las leyes, el derecho, las instituciones representativas y un sentido de orden social a lo que se sumaron la ciencia y la técnica con la introducción de herramientas, medicinas, técnicas constructivas y agrícolas y de náutica avanzada, además de formas de organización. La presencia hispana en América no solo fue de conquista, si definimos y evaluamos los periodos, fue más de encuentro, de trabajo y construcción; un legado que sigue vivo.

Fuera de verdades sesgadas respecto al onírico paraíso prehispánico, los migrantes que vinieron a lo desconocido, compartieron nombres, apellidos y creencias como avances que impulsaron el desarrollo de este suelo. Trajeron la base idiosincrática para construir sociedades y lo que hoy, luego de todos los procesos vividos, somos quienes somos con un pasado en común y un presente que nos identifica en el ser y el hacer como mexicanos. Por eso y más, mucho más ¡Sí! ¡Que pidan perdón!.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.