Sociedad de la Información
Por: Luis Alfonso Polanco Terríquez
¿Qué le falta a Virgilio Mendoza? A estas alturas del camino, algunos observadores aún dudan de la firmeza de Virgilio Mendoza Amezcua, actual senador de la República, dos veces alcalde de Manzanillo y líder del Partido Verde Ecologista en Colima. Especulan si el sistema político, al igual que en procesos anteriores, terminará por doblegarlo. Sin embargo, tales dudas subestiman su enorme colmillo político: Virgilio Mendoza conoce a la perfección el terreno que pisa; sabe con precisión matemática hacia dónde dirigirse y con quién tejer alianzas. Su figura representa un liderazgo sólido, maduro y con un arraigo popular innegable en la costa y en todo el estado, lo que lo posiciona como el verdadero contrapeso de la política local.
En esta coyuntura, existen razones de peso para afirmar que su proyecto va completamente en serio y que cumplirá cabalmente su palabra. Por ello, los actores políticos que pretendan pactar con el senador tendrán que transparentar de cara a la ciudadanía los motivos del acuerdo; es decir, clarificar con total nitidez por qué respaldan su propuesta. Aunque en los últimos días ha imperado un estratégico silencio en torno a su figura, los movimientos en el tablero continúan. Mientras la administración estatal busca proyectar una imagen de unidad compartiendo en redes sociales cómo Rosa María Bayardo Cabrera se hace acompañar del diputado local José Manuel Romero Coello, la dirigencia nacional del Verde, a través del senador Arturo Escobar y Vega, ratificó de forma contundente que el partido del Tucán se mantiene firme al lado de Virgilio Mendoza en su ruta indiscutible hacia la gubernatura.
El liderazgo de Virgilio Mendoza es tan nítido que sus detractores, tanto en la oposición tradicional como en las filas de la llamada Cuarta Transformación, se le están yendo directo a la yugular. Saben perfectamente el peligro que corren si le permiten desplegar por completo su estrategia electoral. Mendoza Amezcua tiene la capacidad real de restarle fuerza y eclipsar a Morena, o bien de arrebatarle las banderas y la clientela política al PRI y al PAN. Con un pragmatismo digno de los grandes estrategas, el senador se apresta a aplicar la lógica de la famosa fábula de Esopo: está en posición de asestar un golpe definitivo a las expectativas tanto de la oposición debilitada como del partido oficialista, forzando con ello a que el PRI y el PAN se definan de una vez por todas.
¿Cómo logra este efecto fulminante? Desde hace cerca de un año, bastan una sola declaración contundente o una fotografía estratégica de Mendoza Amezcua para desmantelar cualquier narrativa construida por Morena o neutralizar las propuestas de Rosa María Bayardo. El abanderado del Tucán dio un golpe de autoridad al adelantarse en la carrera sucesoria rumbo a la gubernatura del estado para el 2027. Morena, atrapada en sus propios dilemas internos, no ha logrado estructurar una política de alianzas sólida a nivel estatal.
Él, con la autoridad que le confiere dirigir el ecologismo en la entidad y respaldado por su militancia, ya le pintó su raya a Morena Colima con un rotundo “no”. Asimismo, es sabido que Joel Padilla, del PT, no ha otorgado su consentimiento definitivo. Morena tardó demasiado en aprovechar su ventaja competitiva y en presentar su mejor carta de coalición para forzar a los demás actores a alinearse, como lo es Nueva Alianza. Si el senador Mendoza concreta una alianza estratégica con MC o incluso con sectores del PAN y MC, consolidará una ventaja irreversible dentro del bloque opositor, fragmentando y debilitando las aspiraciones de Morena. En estos días decisivos, definir formalmente esa gran coalición es el paso definitivo que le falta al senador para afianzar la delantera que ya sostiene sobre Rosa María Bayardo Cabrera.
Para reflexionar. En las filas de MC aplaudieron y festejaron con bombo y platillo la incorporación de una regidora capitalina proveniente de Acción Nacional, pero guardaron un vergonzoso silencio ante la salida de la única figura que le otorgaba al partido una auténtica garantía de honradez y honestidad. A nivel de cabildo, este movimiento resulta inocuo frente a Riult, alcalde de Colima, ya que la correlación de fuerzas permanece idéntica: se quedan con dos regidores al perder uno y ganar otro.
En el plano anímico, el alcalde difícilmente se inmuta; es un político curtido en la adversidad amorosa. No obstante, en el estricto terreno electoral, este trueque es un pésimo negocio que evidencia una alarmante falta de brújula: se celebra la llegada de un cuadro que acaso aportará 200 sufragios, mientras se deja ir una presencia que garantizaba cerca de 20,000 votos en las urnas. Es en decisiones erráticas como esta, sumadas al abandono que padecen Martha Zepeda y Griselda Martínez, cuando se hace evidente que el partido naranja requiere con urgencia un cambio de timonel.
Finalmente, hay quienes dicen que Virgilio Mendoza Amezcua, no tiene nada en sí. Incluso la publicación de Arturo Escobar no tiene validez al no hacerse del conocimiento nacional. Es aquí en este rubro que enfatizamos que Mendoza Amezcua debe matar la gallina y exponer las alianzas para que la oposición y Morena vean que ya se quedaron sin sombra y sin sombritas el PAN y el PRI.
Para despedirme. En el ámbito social y de la convivencia familiar, quienes verdaderamente tienen motivos para celebrar que la selección nacional perdiera el domingo pasado frente a Inglaterra son los niños de México. Esta aparente derrota deportiva se traduce, en realidad, en una victoria para el núcleo del hogar. Al quedar el equipo eliminado de la contienda, se desvanece de inmediato ese recurrente pretexto que muchos padres de familia utilizan para ausentarse de sus casas, descuidar sus responsabilidades afectivas o justificar el consumo desmedido de alcohol más de una vez por semana bajo el cobijo del fervor futbolístico. Un revés en la cancha mitiga la evasión social y devuelve la atención a lo verdaderamente importante: la presencia, el diálogo y el cuidado de los hijos en el entorno doméstico. Papá y mamá, recuerden que sus hijos los esperan en casa con los brazos abiertos; el verdadero campeonato de la vida se gana y se celebra con ellos, no en la barra de un bar. Nos vemos en otra entrega.
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