EUFORIA

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Por: José Díaz Madrigal

El partido estaba por arrancar. Fue aquel un domingo asoleado, radiante y caluroso. Mucho antes que empezara el juego, se sentía en el ambiente alrededor de la cancha de fútbol, un ruidoso alboroto; con música a volumen alto y numerosas hieleras llenas de cerveza. Estos asistentes que habían llegado desde temprano, eran principalmente amigos de los jugadores locales que tenían acaparado los mejores espacios, para observar a su conjunto deportivo.

Se iban a enfrentar dos equipos rivales, que traían porras de esas bien apasionadas. El campo del Chanal ubicado prácticamente en un playón extendido del río Colima, tiene un desnivel de unos siete metros más abajo que la larga calle de entrada a la población; resultando un cuello de botella el acceso y la salida, por la brecha que conduce a la cancha.

Los aficionados del equipo contrario a los chanos del Chanal, empezaron a llegar. Como pudieron se colocaron en los lugares que estaban todavía libres. Como casi todo amante del deporte de las patadas, venían armados con hieleras repletas de caguamas y, uno de éstos puso a tocar un buen equipo de sonido con grandes bocinas, instaladas en la caja de una camioneta pick-up. Así pues, la diversión también hizo acto de presencia entre los visitantes.

Por fin sonó el pitido para inicio del juego, los gritos de los asistentes no se hicieron esperar. De inmediato se escuchan las bromas del público contra árbitros y jugadores. La emoción aumentaba sobre todo cuando algún jugador se desprendía con la pelota acercándose peligrosamente a la portería contraria. Llevaba transcurrido buen tramo del primer tiempo y seguían empatados, pero en el minuto 40, uno de los del equipo local comete una falta, marcandole penal.

Los aficionados de ambos bandos entran en una especie de suspenso. Toño de la parte visitante le toca cobrar el tiro penal. Es éste un muchacho moreno, alto, delgado y que luce una melena alborotada. Dentro de los espectadores del lado de los chanos, que eran más abundantes, no faltó algún guasón ocurrente y le grita a Toño: Ora tú, maceta de muñeca de basurero; le vas a “jerrar”. Provocando la risa. Pues resulta que ese joven de cabellera revuelta, metió gol.

Nombre, entre los visitantes se desató un grito al mismo tiempo de goool. Uno de ellos, el Veneno del barrio bravo de la España y papá del que metió el gol; pero que ya andaba picado de alacrán, se mete a la cancha a darle un abrazo a su hijo y dice en voz alta: este cabrón es de mis güevos.

El Veneno en ese tiempo era u tipo de unos 50 años, que había sido desmadroso incorregible durante toda su vida. De vez en cuando, pero cada vez más seguido, cargaba su dosis para quemarle la cola al chango. Andando en sus cabales era un conversador agradable, pero nomás se echaba algunos tragos en el gaznate, se transformaba en un veneno ponzoñoso, que había que sacarle la vuelta por insoportable.

Después de abrazar al hijo, ya de regreso, nomás de chiste le aplica un patadón en el tobillo a un jugador rival -mas tarde confesó que había sido pa’cucarlo- tumbandolo en el suelo terregoso. En eso se le dejaron venir varios compañeros del caído, para surtir al Veneno. Toño y los demás de su equipo, corren a auxiliar al Veneno.

Total era tan grande la trifulca, que se tuvo que suspender el partido, puesto que se desarrolló una batalla campal, cuando ingresan al campo de juego las respectivas porras, donde se repartieron golpes al mayoreo: trompadas, patadas, empujones, mentadas de madre y botellas volando por el aire.

En eso alguien grita: Ahí viene la policía -cuando ésta era efectiva, ahora pa’nada sirven-. De los más sobrios del equipo del Veneno, agarran a éste y lo suben a una camioneta, escapando no con rumbo a Colima, porque los iban a pescar. Agarraron un atajo polvoriento que los llevó a salir a la carretera de Chiapa.

Al siguiente día, cuando fueron a trabajar a una casa en construcción; llegan todos mallugados, con moretones. El encargado de la obra, que fue quien sacó al Veneno de aquel combate, le reclama: óyeme jijo de la chingada, nomás por tu culpa se armaron los putazos y tuvimos que salir huyendo. Contesta el Veneno con un ojo semicerrado, hinchado de un golpe que recibió. -¡Ah! Pinche Gordo, no te agüites; fíjate que no hacía rato que me había chingado un churro y me ganó la euforia. Cuando le puse la patada pensé, voy a calar a este güey a ver que tan gallo sale, pero luego, luego se dejó caer. Resultó gallina.

El día de hoy se juega el partido México-Inglaterra. Todos esperamos que gane México. El equipo nacional que nos representa, tiene con que toparle; vienen engrandecidos sin haber recibido ninguna anotación.

De ser así que se consiga el triunfo, es de esperar que no se nos desborde la euforia como al Veneno y que estos ratos de alegre pasión, que mucho necesitamos como pueblo, nos llene las manos de agradecimiento y esos momentos felices toquen la puerta de los mexicanos. Permitamos que entren. . .

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.