Por: Antonio Valdés
Fue a Orar al Tanatorio Esperando un Milagro… Pero su Hijo Ya No Estaba / Hay un tipo de pérdida tan salvajemente antinatural que ni siquiera tiene nombre: cuando un padre entierra a su hijo. Miguel y Rosa han vivido esa tragedia dos veces, además de forma trágica. Perdieron a Joan con solo 3 años, y años después, a Anna, de 22 años. Aun así, de forma milagrosa, han decidido seguir viviendo con fe y esperanza para intentar integrar este gran duelo imposible de definir con palabras. Su historia duele -y mucho- a la par que ilumina a los demás.
Miguel Lara y Rosa Burguera comparten con una honestidad sobrecogedora cómo atravesaron (y siguen atravesando) el duelo al perder a sus amados hijos. Hablan sin filtros y con envidiable fortaleza del shock, de la culpa que casi los destruye, del impacto en su matrimonio y de cómo lograron mantenerse unidos. También comparten cómo la fe en Dios y la esperanza de reencontrarse con sus hijos se convirtieron en su única ancla y quizá en la única opción para no perder el sentido, y también cómo es hoy su relación con Miguel, el hijo que les queda de la familia que inicialmente era.
Es un testimonio profundamente humano sobre el dolor ingestionable, la lucha diaria por no dejarse vencer y la búsqueda de sentido en medio del desierto. Si has perdido a alguien o acompañas a quien lo ha hecho, este capítulo no es una lección, es un faro.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

