Sociedad de la Información
Por: Luis Alfonso Polanco Terríquez
Durante el presente ciclo escolar 2025-2026 —que concluye en la educación pública durante la próxima semana y en el sector privado hasta mediados del mes de julio—, cabe preguntarnos: ¿cómo podemos evaluar los colimenses la educación que imparte el Estado, así como la vigilancia ejercida por la Secretaría de Educación y el Congreso Local? En el apartado de reflexión de esta columna compartimos algunos hechos, y usted, estimado lector, decidirá.
El panorama de la educación pública en Colima presenta claroscuros importantes. Si bien se han consolidado esfuerzos en materia de cobertura e incentivos socioeconómicos por parte de la gobernadora del Estado, Indira Vizcaíno Silva, el sistema enfrenta retos estructurales de fondo en cuanto a la retención de alumnos y la eficiencia terminal, particularmente en los niveles superiores. A continuación, desglosamos algunos aspectos clave que definen el estado actual del sector educativo en la entidad:
- Cobertura y Acceso Universal en Media Superior. Uno de los movimientos más recientes y significativos ha sido la incorporación de Colima al programa nacional “Mi derecho, mi lugar”. Ingreso directo: A partir de este año, se ha eliminado el examen de selección como requisito de ingreso en la mayoría de los bachilleratos públicos del estado, buscando garantizar un espacio a todo egresado de secundaria. Crecimiento en la matrícula: En el nivel medio superior, la cobertura en la entidad ha mostrado una tendencia al alza, rondando el 84.9%, una cifra que compite a la par con la media nacional. En este aspecto, la Universidad de Colima, junto con el CBTIS, ha dado respuestas institucionales y ha brindado el apoyo de la manera en que se debe hacer. Datos tomados de diversas publicaciones en redes sociales.
- Rezago en Educación Superior y Eficiencia Terminal. A pesar de los avances en el bachillerato, el verdadero cuello de botella del sistema estatal aparece en las etapas posteriores: Absorción en el nivel superior: La cobertura en educación superior (licenciatura y posgrado) en Colima se mantiene en niveles discretos, estancada cerca del 39%, lo cual sitúa al estado por debajo del promedio nacional (que ronda el 44%). Deserción y retención: La eficiencia terminal en el bachillerato —el porcentaje de alumnos que concluyen el nivel en el tiempo estimado— muestra un déficit estructural. Mientras el promedio del país supera el 75%, Colima históricamente se ha quedado rezagado un par de puntos por debajo, lo que refleja que el reto ya no es solo recibir a los jóvenes en las aulas, sino lograr que permanezcan y egresen. Datos tomados de diversas publicaciones en redes sociales.
- Implementación de la Nueva Escuela Mexicana (NEM). El magisterio colimense se encuentra actualmente inmerso en la consolidación del modelo de la Nueva Escuela Mexicana. Recientemente se han llevado a cabo foros estatales para evaluar los primeros tres años de su puesta en marcha, enfocados en el codiseño curricular y la vinculación comunitaria. Las instituciones técnicas (como el CBTIS) y la propia estructura estatal buscan alinear la formación técnica y humanista con las necesidades regionales, aunque la transición operativa en las aulas sigue siendo un proceso complejo y un desafío diario para el cuerpo docente. Información tomada de redacción en redes sociales entre docentes.
- Programas de Apoyo y Bienestar Integral. La política educativa local ha apostado fuertemente por los subsidios directos y los esquemas de asistencia: Incentivos materiales: A través de programas estatales como ColiBecas, se mantiene la entrega regular de uniformes, mochilas y útiles escolares en la educación básica. Estrategias transversales: Se han implementado brigadas sanitarias de largo alcance, como el programa “Vive Saludable, Vive Feliz”, que cubrió a más del 80% de la matrícula de primarias públicas en el estado, realizando diagnósticos de peso, talla, salud visual y bucal directamente en los planteles. Datos tomados de diversas publicaciones en redes sociales.
Dato de coyuntura local: Para este ciclo escolar, las autoridades de la Secretaría de Educación y Cultura de Colima autorizaron un ajuste al calendario, adelantando el fin de las clases presenciales en educación básica para finales de junio, antes de la fecha general estipulada a nivel nacional. En resumen, la educación pública en Colima cuenta con una base sólida en cuanto a la entrega de apoyos sociales y una cobertura aceptable en los niveles obligatorios; sin embargo, la viabilidad del sistema a largo plazo dependerá de políticas públicas que logren elevar la calidad del aprendizaje real en las aulas y frenar el abandono escolar antes de que los jóvenes aspiren a llegar a las aulas universitarias.
Para reflexionar. Un punto por asistencia. Uno por puntualidad. Uno por realizar tareas. Uno por participación y uno por hacer examen. En esta escuela evaluamos a partir de la calificación base de cinco y, sobre ella, sumamos estos puntos para la calificación final. Su servidor no daba crédito a lo que escuchaba, máxime cuando empecé a reflexionar que, durante el ciclo escolar, la mayor parte de los docentes no dejaron tareas; cuando mucho, asignaron una o dos a lo largo de todo un año lectivo.
—¿Por qué no manda a su hijo? —cuestionó cierto asesor a un padre de familia en Colima. —Leímos a finales de agosto en el grupo de WhatsApp que los docentes pedían a los alumnos llevar juegos de mesa, balones o algo para entretenerse —respondió el padre—. Tenemos un hijo difícil y es complicado enviarlo si los docentes no van a impartir aprendizajes; además, tememos que no le presten la atención debida a su conducta.
—Amigo, ¿y qué hacen en estos días en la escuela? —Retroalimentación. O están preparando manualidades y el festival de fin de cursos —me contestaron. —¿Ni una ni otra cosa? —Solo entretenemos a los niños —confesó el interlocutor. —Pero han de aprovechar para que los alumnos apoyen en la limpieza del centro escolar —sugerí. —No, si hacemos eso nos demandan los padres de familia.
—Fíjate que cada vez que evaluamos a ciertos alumnos que no tienen problemas o enfermedades psicológicas, sino simplemente un atraso en lectura o escritura, recibimos indicaciones de la directora de leerles las preguntas del examen, así como las opciones de respuesta. Un maestro de educación media superior, al escuchar estas narraciones, me comentó: «Amigo, no te asustes; en la mayor parte del sistema medio superior así andan los alumnos, tanto en las escuelas públicas como en las privadas».
Recientemente fue duramente criticado Mario Delgado Carrillo, secretario de Educación Pública de México, por dos declaraciones en particular. La primera, por avalar el adelanto del cierre del ciclo escolar 2025-2026. Ante el marco que hemos narrado, ¡cuánta razón tenía el funcionario! Si los maestros no están trabajando contenidos, no tenía ningún caso alargar una agonía para los estudiantes. La segunda declaración consistió en señalar que las escuelas son vistas como guarderías. ¿Acaso no la ven así la mayor parte de los padres de familia hoy en día? Aquella concepción de la escuela como el centro del progreso social ha quedado, lamentablemente, sepultada en los anales de la historia.
Para despedirme: La mejor forma de evaluar lo que aprenden los estudiantes en la escuela, el proceso de enseñanza-aprendizaje realizado por los docentes, y la vigilancia del Estado y el Congreso sobre la educación pública, es simplemente mirar tu entorno y observar a sus egresados.
Nos vemos en otra entrega.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

