Lección Mundialista: los japoneses y su basura

0
Pupitre al Fondo
Por Blanca F. Góngora
 
Mientras México celebra ser una de las sedes de la Copa Mundial de Futbol 2026 y muestra al mundo su capacidad de celebración y acogimiento al turista, una de las imágenes de mayor enseñanza para el pueblo mexicano debe ser la que nos dio la afición japonesa al concluir su primer partido, cuando cientos de aficionados japoneses permanecieron después del partido para recoger la basura y dejar limpio el estadio antes de retirarse.
No era su estadio, no era su ciudad, ni siquiera era su país; sin embargo, asumieron que el espacio que habían utilizado también era su responsabilidad. La escena despertó admiración y nos debe servir para reflexionar y preguntarnos ¿por qué algo tan sencillo no podemos hacerlo nosotros los mexicanos ni a menor escala?
En las escuelas mexicanas enfrentamos diariamente una batalla que parece imposible de ganar: insistimos en que los alumnos recojan su basura, papeles, envases y envolturas. Organizamos campañas de limpieza, colocamos contenedores y hablamos de responsabilidad ambiental. Sin embargo, muchas veces el esfuerzo se desvanece en cuestión de minutos y la razón es simple: la escuela hace su parte enseñando hábitos, pero la familia y la sociedad no están haciendo lo que les corresponde.
Mis estudiantes no me dejarán mentir, durante cada recreo recorro los patios y áreas escolares recordándoles una y otra vez la importancia de recoger, al menos, la basura que ellos mismos generan. Lo hago todos los días. A veces basta una palabra amable; otras, una llamada de atención, incluso en más de una ocasión me he colgado un cartel con mensajes alusivos al cuidado de la escuela para reforzar el recordatorio, no obstante, la repetición constante de la consigna demuestra que el problema no es la falta de información pues todos saben qué deben hacer; el verdadero desafío es convertir esa acción en un hábito permanente. El problema tampoco es que nuestros estudiantes ignoren la regla; el problema es que fuera de la escuela encuentran demasiados ejemplos que les enseñan lo contrario.
Resulta difícil convencer a un adolescente de que cuide los espacios comunes cuando observa que muchos adultos hacen exactamente lo contrario, basta asistir a una cabalgata, un desfile, una fiesta patronal o cualquier festividad en una plaza o jardín público (o ir a ver un partido de futbol del mundial en el cine) para encontrar la evidencia: terminada la celebración, quedan montones de vasos, botellas, bolsas, platos desechables y desperdicios esparcidos por todas partes y mientras eso no cambie, la escuela seguirá luchando a contracorriente porque los hábitos no nacen en los reglamentos escolares nacen en el ejemplo cotidiano de la familia y la sociedad en la que viven.
Los aficionados japoneses no solo nos han dado una lección de limpieza, nos han dado una lección de ciudadanía, entendieron ya algo que nosotros seguimos intentando enseñar en las aulas: los espacios públicos pertenecen a todos y, por lo tanto, todos debemos cuidarlos, como hacen ellos en su país al que por cierto visité hace unos cuantos años y del que tengo la mejor de las impresiones de lo que es el orden, el cuidado, el respeto, la disciplina. Un país donde la educación empieza en casa, se complementa en la escuela y se refuerza en la sociedad.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.