Te extraño, pero no te quiero ver pronto 

0

Rincón de la Conciencia 

Por: José Antonio Valdés Mejía

Extrañarte es un sentimiento que me acompaña cada día, papá. Es como una sombra que se proyecta en cada recuerdo, en cada gesto que me recuerda tu presencia. Extraño tu voz firme y serena, tu manera de aconsejar sin imponer, tu capacidad de hacerme sentir seguro con solo estar cerca. Extraño tus manos, que parecían tener siempre la respuesta, y tu mirada, que transmitía confianza y ternura. La ausencia se siente en lo cotidiano: en los silencios de la casa, en las conversaciones que ya no tenemos, en los momentos en que quisiera escuchar tu opinión y solo encuentro el eco de tu memoria.

Sin embargo, en medio de esta nostalgia, hay una certeza que me sostiene: tu partida no fue un final, sino un tránsito hacia la eternidad. Por eso, aunque mi corazón clama por verte, también sé que no debo desear que ese encuentro sea pronto. No quiero verte pronto, porque eso significaría que mi tiempo aquí ha terminado, y todavía tengo mucho que vivir, aprender y compartir. Prefiero seguir honrando tu memoria en cada decisión, en cada acto de amor, en cada paso que doy.

Tu ausencia me invita a valorar más la vida, a abrazar con fuerza a quienes aún están conmigo, a no dejar pasar la oportunidad de decir “te quiero” o de dar un abrazo sincero. Extrañarte me recuerda que la vida es frágil, pero también me enseña que el amor es más fuerte que la muerte. Ese amor que sembraste en mí sigue vivo, y me impulsa a caminar con esperanza.

Sé que llegará el día en que nos reencontremos, no en este mundo pasajero, sino en la plenitud del Reino de Dios. Allí no habrá lágrimas ni despedidas, solo la alegría de volver a abrazarte en la presencia del Padre. Esa esperanza me da paz: saber que tu vida no se apagó, sino que se transformó en luz eterna.

Mientras tanto, te extraño con gratitud, con fe y con la certeza de que tu vida sigue siendo guía en la mía. Te extraño, pero no te quiero ver pronto, porque todavía tengo que cumplir mi misión aquí. Y cuando llegue el momento, cuando Dios lo disponga, sé que nos encontraremos en un abrazo que nunca más se romperá.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.