Por: Jose Antonio Valdés Mejía
Hace unos años vi la película Little Boy. Trata de un niño que quería tener la suficiente fe para que Dios hiciera que su papá regresara de la guerra, todo, porque en una ocasión escuchó la parábola de la semilla de mostaza y alguien le regalo una semilla, la cual atesoró en su mano por largo tiempo.
Hay grandes oportunidades de poder ejercer el poder de la fe, muchas veces nos quedamos con la semilla bien apretada entre nuestras manos y no la ponemos en donde corresponde para que germine y desate su potencial.
La Biblia dice que “al que cree todo le es posible” Mr. 9:23, y “sin fe es imposible agradar a Dios” Hb.11:6. Son dos cuestiones en las cuales he reflexionado mucho, me he esforzado mucho en creer y no poner en duda mi fe, aún y cuando las circunstancias y la opinión de las demás personas lo cuestionan es difícil en realidad pararse en este punto de “Yo tengo fe” y “Yo creo que Dios responderá a mis oraciones”, sobre todo cuando interviene el inmisericorde elemento llamado “Tiempo”, es decir cuando oramos con desesperación y requerimos una respuesta pronta o un resultado inmediato.
Anoche ore por una situación de salud y decidí soltar mi semilla. Dios es bueno y hoy por la mañana, después de casi un mes de mareos por batallar con la presión baja, pude dormir y desperté con la presión perfecta, me siento liberado y no vuelvo a sujetar la semilla nuevamente de tal manera que desde hoy siempre diré.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS

