Por: Alberto Magallòn Estrada
En un país en el que durante décadas acceder a la educación fue un privilegio y no un derecho efectivo, programas como ColiBecas para el Futuro representan algo más profundo que un programa de transferencias económicas: son la disputa directa contra el destino social heredado.
Y es que en países como el nuestro la desigualdad no empieza cuando una persona busca empleo, sucede mucho antes, cuando una familia debe decidir entre pagar la inscripción universitaria o completar el gasto de la despensa; empieza cuando miles de jóvenes abandonan carreras no por falta de talento, sino por falta de dinero. Comienza cuando el origen pesa más que el destino.
Ante ello resulta relevante que en Colima se esté construyendo una política pública cuyo centro sea evitar que las juventudes se queden fuera de la universidad por razones económicas. Cubrir inscripciones universitarias puede parecer una medida menor, pero, en realidad, es una intervención sobre la estructura de movilidad social del estado.
Está comprobado que las sociedades que prosperan son aquellas capaces de convertir el talento popular en fuerza productiva, innovación y desarrollo humano. Ejemplos hay muchos. Cada joven que permanece estudiando es una posibilidad menos de precarización, violencia o exclusión. Cada estudiante que logra titularse rompe, muchas veces, ciclos familiares completos de pobreza.
Durante décadas, en México la conversación pública sobre los jóvenes quedó atrapada entre dos extremos: criminalización o “échaleganismo”. A los jóvenes se les observaba como problema o como discurso, pero pocas veces como sujetos estratégicos para el desarrollo.
Ahí es donde programas como ColiBecas para el Futuro adquieren una dimensión distinta. No se trata solamente de apoyar estudiantes, se trata de construir condiciones para que una generación tenga más herramientas que la anterior. Y eso tiene implicaciones económicas, culturales y hasta democráticas que han sido bien entendidas por el gobierno de Indira Vizcaíno.
Cuando una sociedad invierte en sus juventudes, también invierte en su tranquilidad comunitaria. Un joven con acceso a educación superior tiene mayores posibilidades de ingreso, mayor participación comunitaria, mejores condiciones de salud y una expectativa distinta de vida.
Se espera que, en el corto, mediano y largo plazo se vean los resultados de esta iniciativa gubernamental, donde el recurso público está bien invertido, en los jóvenes que son el presente y futuro de Colima y de México.
Al cierre. Tal parece que los sindicatos de Gobierno del Estado, como del Ayuntamiento de Colima, no están convencidos de apoyar a Riult Rivera en sus aspiraciones a la gubernatura. Quienes les anda coqueteando es Virgilio Mendoza, sin embargo, la burocracia se sigue manteniendo cautelosa y hasta ahora no muestran su juego. También se debe tomar en cuenta que dentro de esos gremios muchos apoyan a Morena, por lo que el respaldo de ellos sería para Rosi Baryardo, quien se mantiene a la cabeza en las preferencias dentro y fuera de su partido.
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