Ventana Política
Por: Guillermo Montelón Nava
En Colima, el proceso rumbo a la gubernatura de 2027 comenzó antes de tiempo. Lo que debería ser una etapa de organización interna y definición de reglas claras dentro de la coalición gobernante, hoy se ha convertido en un escenario de competencia adelantada, tensiones políticas y señales de fractura. Los llamados actos anticipados de campaña de aspirantes de Morena, así como el conflicto creciente con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y la figura de Virgilio Mendoza Amezcua, evidencian un problema mayor: la falta de cohesión en un proyecto que, hasta hace poco, parecía electoralmente dominante.
La disputa tiene un punto central: la posible imposición de Rosa María Bayardo Cabrera como candidata de Morena a la gubernatura, pero en una alianza, el método importa tanto como el resultado. Cuando una candidatura se percibe como decidida desde arriba, sin un proceso transparente ni incluyente para los aliados, el costo será alto.
El PVEM ha sido claro en su postura: quiere reglas, quiere encuesta y quiere competir. Ha ratificado a Virgilio Mendoza como su carta fuerte rumbo a 2027, dejando claro que no se conformará con ser un actor secundario. El Verde ha demostrado en otros contextos que puede jugar con autonomía y, en ciertas condiciones, capitalizar el desgaste de sus antiguos aliados. Pensar que en Colima no podría ocurrir algo similar sería subestimar tanto su estructura territorial como su capacidad de negociación.
El problema de fondo no es únicamente la disputa entre dos figuras, sino la ausencia de reglas claras dentro de la coalición. Cuando no hay piso parejo, cada actor político empieza a construir su propia estrategia. A esto se suma otro elemento fuete: la percepción ciudadana. La llamada Cuarta Transformación enfrenta un desgaste natural tras años en el poder. Aunque sigue siendo una fuerza relevante, ya no cuenta con el mismo impulso por eso se apoderó ya del INE.
En ese contexto, los conflictos internos no solo debilitan a la mal llamada 4T, sino que envían un mensaje de desorden e incongruencia al electorado. La insistencia en imponer candidaturas sin consenso puede abrir la puerta a una ruptura formal de la alianza. Y si el PVEM decide competir por su cuenta, el escenario cambia radicalmente.
Pero mientras el oficialismo se enreda en sus propias tensiones, la oposición se reconfigura. PRI, PAN y Movimiento Ciudadano, que en procesos recientes han mostrado debilidad frente a Morena, podrían encontrar en esta coyuntura una oportunidad inesperada. La clave para ellos no está únicamente en construir buenos perfiles, sino en definir si competirán divididos o en alianza.
En ese escenario, Movimiento Ciudadano enfrenta una disyuntiva: mantenerse como una opción independiente que apueste por el voto joven y urbano, o integrarse a un frente opositor más amplio que aumente sus probabilidades de triunfo.
Una alianza opositora amplia tendría efectos importantes no solo en la contienda por la gubernatura, sino también en la disputa por alcaldías, diputaciones locales y federales. En elecciones fragmentadas, la suma de votos puede ser más determinante que la identidad partidista. Si Morena y el PVEM compiten separados, el voto oficialista se dividiría, mientras que una oposición unificada podría capitalizar esa fragmentación.
El escenario, entonces, deja de ser una contienda de hegemonía para convertirse en una elección abierta. Incluso partidos que hoy parecen rezagados podrían recuperar espacios si logran articular candidaturas competitivas y campañas efectivas. No se trata solo de quién tiene más estructura, sino de quién logra conectar con un electorado cada vez más inconforme con Morena.
De cara a 2027, pueden delinearse al menos tres escenarios posibles.
El primero es el de la recomposición oficialista. Morena corrige, abre el proceso, incluye a sus aliados y logra una candidatura de unidad con mayores probabilidades de triunfo, aunque ya no con la ventaja aplastante de otros años.
El segundo escenario es el de la división parcial. Morena impone su candidata, el PVEM negocia pero queda inconforme, debilitará la alianza. Aquí, la oposición tendría una oportunidad real de competir, especialmente si logra ir en bloque.
El tercer escenario es el de la ruptura total. PVEM y Morena compiten por separado, fragmentando el voto de la 4T. Si, al mismo tiempo, PRI, PAN y eventualmente Movimiento Ciudadano logran articular una alianza sólida, el resultado podría ser un vuelco político en el estado. No solo la gubernatura estaría en juego, sino también el control del Congreso local y de varios municipios clave.
Tenemos entonces que la disputa interna en Morena podría redefinir por completo el equilibrio político del estado. Si la coalición gobernante no corrige el rumbo, y si la oposición logra acuerdos frente, 2027 podría marcar no solo una elección competida, sino un retroceso de la 4T, ya que en política no siempre gana el más fuerte, sino el que comete menos errores… y el que sabe aprovechar los del adversario.
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