La desaparición del INEE y sus consecuencias

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Bitácora Reporteril

 Por: César Barrera Vázquez

La desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en 2019 no fue una decisión administrativa, sino el primer paso del régimen de Obrador hacia el centralismo y el desmantelamiento de las instituciones en el país. Pese a que se arguyó la austeridad, la desaparición del INEE fue una de las decisiones más costosas del régimen de Morena en materia educativa.

Quienes estamos frente a grupo sabemos que la evaluación no es un castigo, sino una herramienta. Sirve para medir, corregir y mejorar. La reforma educativa de 2013, impulsada durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, partía de una premisa básica: profesionalizar la docencia. Que los mejores perfiles estén en el aula, que exista capacitación constante y que el mérito sea el eje del sistema educativo.

Pero esa reforma tocó intereses. Fue combatida con fuerza por sectores del magisterio, particularmente la CNTE, que ha mantenido bajo presión al sistema educativo en estados como Oaxaca y Guerrero, en aras de preservar sus privilegios fácticos. Pero estos grupos, surgidos en el antiguo sistema de partido único, le sirven al régimen Por eso, en lugar de sostener el modelo de evaluación, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador optó por desmontarlo.

Se argumentó austeridad. Pero la realidad mostró otra cosa. Mientras se eliminaban instituciones técnicas como el INEE, se cancelaban proyectos como el aeropuerto de Texcoco —con un alto costo financiero— y se impulsaban obras como el Tren Maya o el aeropuerto de Santa Lucía, que hoy siguen dependiendo de subsidios. No fue un tema de recursos; fue una decisión para concentrar el poder y, sobre todo, a los sindicatos magisteriales.

Siete años después, los resultados empiezan a ser medibles. Evaluaciones internacionales advierten una caída en la comprensión lectora de estudiantes de primaria. El rezago en infraestructura persiste: alrededor del 70% de las escuelas carecen de acceso a internet o equipos de cómputo. México no muestra avances en competencias básicas de lectura en los primeros años de educación.

El problema no es sólo pedagógico; es social. La educación es el principal mecanismo de movilidad para los sectores más vulnerables. Cuando el sistema falla, quienes más lo resienten son las niñas y niños de contextos marginados. Sin evaluación, sin diagnóstico y sin mejora continua, el sistema educativo queda a la deriva.

Eliminar el INEE no resolvió los problemas del magisterio ni mejoró la calidad educativa. Lo que hizo fue retirar el instrumento que permitía medirlos. Y lo que no se mide, no se puede corregir ni mejorar.

Dos puntos.

El llamado de Andrés Manuel López Obrador a donar recursos para la dictadura de Cuba, a través de una organización creada de manera inmediata para ese fin, genera dudas legítimas. ¿Por qué no utilizar organismos internacionales con trayectoria en combate a la pobreza para que recauden ese recurso? La experiencia debería recordar a los incautos dónde terminaron las “aportaciones” que hacían al movimiento. Quiénes eran realmente los beneficiarios de ese dinero que se recogía en sobre color manila.