Bienvenida a Colima: Dra. Claudia Sheinbaum Pardo

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Sociedad de la Información

Por: Luis Alfonso Polanco Terríquez

El Colima que persiste: Entre el barro y el olvido. El Colima que ya no es —pero que persiste tenazmente— se niega a morir. En enero pasado, reflexionábamos sobre la esencia fundacional de la Villa de San Sebastián. Aquella villa no nació entre protocolos de seda, sino entre el polvo de la conquista y el rumor de los ríos. A casi 500 años de aquel primer trazo, la identidad colimense sigue siendo un rompecabezas de barro y sol. Como bien dice el refrán: “Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”, pero en nuestro caso, la torcedura es la fuerza de nuestra resistencia.

¿Fue la geografía la que nos moldeó, o fue nuestra terca voluntad de habitar bajo la sombra del volcán y del sinnúmero de insectos y animales ponzoñosos? A las puertas del medio milenio, surge la duda inevitable: ¿imaginaron los fundadores que su herencia se mediría hoy en percepciones de inseguridad y “notas rojas” maquilladas? Caminar por el centro, observar las pintas en la Catedral y el Palacio recién remozado, es asistir a un choque de siglos.

La piedra que resistió temblores ahora intenta sobrevivir a la desmemoria. “Un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”, advertía Jorge Agustín Olivas; hoy, nuestra identidad se nos escurre entre los dedos mientras discutimos quién será el próximo jinete de una “caballada” que apenas si relincha.

La integridad en tiempos de bytes. Desde esta columna hemos insistido en la integridad de la comunicación moderna; en el valor de la palabra empeñada frente a la dictadura de los bytes. En un mundo que corre a la velocidad de un clic, la palabra ha perdido su peso en oro para convertirse en moneda de cambio barata. No es nostalgia, es rebeldía ética. Porque, como decía Miguel de Cervantes: “La senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso”. La integridad no necesita de likes para sostenerse.

A menudo nos quejamos de la “caballada flaca”, pero rara vez cuestionamos si nuestra exigencia ciudadana está a la altura de lo que pedimos. La política local parece haber caído en una orfandad de valores donde la honradez es un accesorio opcional. “A río revuelto, ganancia de pescadores”, y en este río turbio, si aceptamos que el servicio público sea un mecanismo de trueque, renunciamos a nuestra dignidad. La ética no es un idealismo romántico; es la única defensa real frente a quienes ven en el erario un botín y no un compromiso sagrado.

Laboratorio de Ironía: El manual del optimista desinformado. El año pasado estuve a punto de dejar la pluma debido a la violencia ejercida por alguien en el poder. Quizás no comprendieron que soy un hombre libre: ni burgués, ni aristócrata; ni de derecha, ni de izquierda, sino alguien que camina por el centro. Tras conocer la luz de la verdad, es imposible volver a las sombras. Por ello, ahora utilizo la ironía y el sarcasmo como ejercicios de estilo para “sacarle punta al lápiz”.

No hay nada más conmovedor que la fe ciega en la “productividad moderna”: esa noble aspiración de llenar cada minuto con tareas inútiles para terminar orgullosamente agotados. “No por mucho madrugar amanece más temprano”, y nosotros parecemos canjear el oro del tiempo por simples cuentas de vidrio.

El Gran Casting del 2027. ¡Pasen y vean! El casting para la gubernatura de Colima ha comenzado. El requisito principal parece ser la invisibilidad o una capacidad asombrosa para el auto-descarte. Tenemos rectores que “no quieren” (pero esperan que los quieran) y candidatos que “quieren” (pero no saben para qué). Es una subasta de antigüedades: algunos rostros ya muy vistos y otros que solo brillan por el presupuesto que los respalda. “Mucho ruido y pocas nueces”, diría el sabio popular. Dicen que para el 2027 “la suerte está echada”, pero lo único que parece estar echada es la siesta de la clase política.

A punto de conmemorar los 500 años de la Villa de San Sebastián, Colima se mira en un espejo empañado. El vandalismo del pasado 8 de marzo en el Palacio de Gobierno no fue un daño meramente estético; fue un síntoma. Restaurar una fachada cuesta dinero, pero restaurar el tejido social y la confianza es una labor mucho más costosa. Entre pintas y silencios, el estado camina con un nudo en la garganta. Como bien decía Platón: “El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores”. Y aclaramos en este punto los animales nos ganan. Cualquier manada es guiada o bien por el más astuto o fuerte más nunca por el más débil.

Epílogo: La moneda de la honradez. La función pública es una carga, no un botín. Al observar la baraja de aspirantes —desde Mario Delgado y Mely Romero, hasta Rosy Bayardo y Virgilio Mendoza— la pregunta persiste: ¿dónde quedan los principios? No se trata de votar por el “menos peor”, sino de exigir que la honradez vuelva a estar en la boleta. “Obras son amores y no buenas razones”; necesitamos hechos, no promesas de campaña.

Es irónico ver cómo se pinta el Palacio un día para que sirva de lienzo al siguiente, mientras el ciudadano promedio desarrolla un sentido de “seguridad diferenciada” según su código postal. En este desfile de sombras chinescas, la diferencia entre opciones parece mínima, aunque se vislumbren matices de gestión entre la alcaldía capitalina y Manzanillo, pareciera ser lo mismo, queda mejor en ese sentido el Puerto de Manzanillo, ahí radica la posible diferencia entre Riult y Rosy, en ese sentido damos la razón al Presidente Municipal cuando en el informe de alcaldesa de Manzanillo citará: Que Rosy es la mejor alcaldesa del estado.

Finalmente. Por lo narrado, solamente hay tres por ahora para el 2027 desde el punto de vista de la mayor parte de la ciudadanía colimense. Si va junta la 4ta., de ser mujer: Rosy Bayardo, de ser varón, Virgilio Mendoza, aunque la mayor parte del pueblo de Colima se inclina más por el senador, más la última Palabra la tiene la Presidenta de México y de que aquí al 2027 falta tiempo. Aunque también hay un tercero y cuarto en discordia, aunque él diga no, estoy enfocado en lo académico, muchos colimenses lo citan al Dr. Christian Torres Ortiz Zermeño, Rector de la Universidad de Colima. Mely Romero Celis senadora de la república está haciendo lo propio. No la descarten. El mundo de las barajas puede favorecerla.

Para despedirme. Damos la bienvenida a la Presidenta de México: Dra. Claudia Sheinbaum Pardo a la entidad. Se le recibe con respeto y la esperanza de quien conoce las presiones del cargo, pero confíe en el respaldo de los colimenses. Que su estancia sea fructífera y su retorno feliz. Nos vemos en la próxima entrega.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.