La reforma que nadie pidió y nadie quiere

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Bitácora Reporteril

 Por: César Barrera Vázquez

 Algo debe estar muy mal con la reforma electoral que impulsa la presidenta Sheinbaum, al grado que ni sus adláteres e incondicionales del Partido Verde y el Partido del Trabajo quieran votar a favor de ella.

 Prueba de ello es que estamos ante una reforma que nadie pidió y que nadie reclamó en la calle. No surge de una crisis electoral ni de un vacío legal. Sólo la defiende Morena, y es comprensible: el rediseño propuesto lo coloca en ventaja estructural. No se trata de una actualización técnica del sistema, sino la tentación de regresar a la lógica del partido de Estado.

 Por eso, entre muchas cosas negativas busca desaparecer el PREP, herramienta que muestra los resultados de las elecciones en tiempo real y que es fundamental para darle transparencia y certidumbre a los procesos electorales. Sin este sistema, se vulnera la certeza del proceso electoral y se da la opacidad necesaria para propiciar los fraudes, tal y como sucedía antes de la transición democrática, cuando estaba en su pleno poderío el partido de estado.

 También se pretende modificar la representación proporcional bajo el argumento de eliminar plurinominales y dar entrada a segundos lugares. Conviene recordar que la figura de los plurinominales fue una conquista de las fuerzas de izquierda cuando el sistema excluía minorías. Fue un mecanismo para abrir el Congreso a la pluralidad. Hoy, paradójicamente, quienes surgieron de ese reclamo parecen dispuestos a desmontarlo.

 El rechazo no proviene sólo de la oposición. Incluso voces del PT han advertido que el rumbo recuerda al viejo esquema hegemónico que caracterizó al PRI durante buena parte del siglo XX. Cuando aliados evocan esa comparación, el mensaje es inequívoco: la reforma no amplía derechos; los reduce.

 Más preocupante aún es la negativa de la presidenta a abrir la discusión y construir consensos. Una reforma electoral sin acuerdo amplio difícilmente puede presumirse democrática. Las reglas del juego deben ser producto del diálogo entre todas las fuerzas, no de la imposición de la mayoría circunstancial.

 Si la presidenta no entiende que esta reforma es un despropósito y que denuda, por completo, el interés del régimen por regresar al tiempo del viejo PRI, el costo político será cuantioso para su gobierno y también para Morena, pues cada vez se acumulan más las pruebas que demuestran el corte autoritario y totalitarista de esta clase política que llegó al poder en el 2018.

 Dos puntos

Bajo la premisa de que sólo ellos pueden gobernar porque no son corruptos –aunque las pruebas son incontrovertibles de la corrupción del régimen–, Morena y la presidenta pretenden desmontar al andamiaje institucional electoral que les permitió acceder al poder, precisamente para que ya no regrese a gobernar otro partido.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.