Por: Ángel Durán
Hoy 5 de febrero como cada año, se conmemora un año más de la Constitución mexicana, promulgada y publicada el 5 de febrero de 1917.
Nuestra carta magna ha tenido muchos problemas desde su inicio para que se cumpla, aunque está vigente, pero continuamente es violentada; y es que, los únicos que podemos defender la Constitución somos las personas, una Constitución no vale solo por lo que contiene, sino por el conocimiento que de ella tienen sus defensores, la protección y la garantía que le dan las personas a quienes resguarda sus derechos.

Una Constitución contiene el pacto social. Recoge los derechos más importantes que el Estado debe garantizar a todas las personas físicas y morales, incluye los derechos fundamentales que se encuentran en tratados internacionales, y establece la garantía para que toda autoridad en el país —gobiernos estatales, municipales, organismos descentralizados— la respete.
Cuando una Constitución es conocida, respetada y garantizada por quienes la crearon; cuando las personas conocen su contenido porque intervinieron y exigieron su redacción; cuando saben interpretarla y defenderla ante violaciones, entonces es una Constitución fuerte. Porque no basta que sea puro papel.
Un pueblo que no conoce su Constitución, no la puede defender.
Una sociedad que no busca que se respete la Constitución, difícilmente la puede proteger, y el documento se va convirtiendo en algo anquilosado.
Un pueblo que no honra su Constitución poco a poco se debilita y emerge el desorden y se van debilitando sus instituciones.
Una Constitución que se cambia con cada gobierno para darle gusto a los gobernantes y no al pueblo, tarde o temprano termina perdiendo su esencia.
Una Constitución que no es bien interpretada por la sociedad, no termina bien.
Por eso, si no conocemos nuestra Constitución, simplemente estamos generando que no funcione.
Como sociedad necesitamos hacer un alto. Es fundamental entender que la Constitución es nuestro máximo documento, el pilar más importante de nuestra democracia.
Por ella murieron miles de personas. Mucha sangre costó la Constitución.
La primera fue en 1812, la Constitución de Cádiz, que no estuvo en vigor pero fue una de las primeras referencias.
Luego la Constitución de Apatzingán de 1814, que tampoco estuvo vigente pero tuvo enorme significado político y contribuyó al sistema constitucional mexicano.
La primera constitución del México independiente fue la de 1824, que nos legó derechos fundamentales y sentó las bases del México constituido.
Aunque tuvo problemas —cuando en 1836 Santa Anna le quitó vigencia— y emergieron las Siete Leyes.
Finalmente en 1857 los liberales crearon una Constitución liberal muy importante que consolidó y mejoró las condiciones de la Constitución de 1824.
Las principales instituciones que hoy tenemos surgieron con la Constitución de 1857.
También en esta Constitución da vigencia a la Constitución colimense que hoy tenemos.
Después viene la Revolución Mexicana (1910) y surge la Constitución de 1917, la que hoy nos rige y que contiene una gran cantidad de derechos.
Pero en pleno siglo XXI vemos que desafortunadamente nuestra Constitución no es conocida por la sociedad.
¿Qué necesitamos como mexicanos y mexicanas responsables que queremos vivir en paz y que se respeten nuestros derechos? La única forma es leer permanentemente la Constitución.
No es un libro necesariamente para abogados o gente letrada; basta con saber leer y tener sentido patriótico para entender, que lo más importante es, leer la Constitución Federal.
Tenemos una Constitución Federal y una por cada estado, más una para la Ciudad de México.
Todas tienen el mismo objetivo: garantizar los derechos de todas las personas y ser la fuente de poder de todas las autoridades en México.
Por lógica, todos debemos conocerlas.
Hay que usarla, hay que cuidarla, y todos juntos debemos defenderla.
Este 5 de febrero cumple un año más nuestra Constitución.
Tenemos muchos problemas, pero depende de nosotros leer, entender, interpretar y aplicar la Constitución, además de cuidar que no se viole y exigir al Estado que la haga respetar.
Si lo hacemos, nos daremos cuenta de lo importante que ello significa, pero si no la cuidamos; se convierte en un simple papel.
Hace falta conciencia ciudadana, patriótica y sentido nacionalista, porque no hay otro camino: o cuidamos nuestra Constitución que contiene nuestros derechos, o dejamos que nos los violen.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

