*Un siglo después, la erupción más violenta del coloso mexicano sigue siendo una advertencia viva
Por: Tello Vázquez
Colima, Col.- El 20 de enero de 1913, el Volcán de Fuego de Colima protagonizó una de las erupciones más intensas y destructivas registradas en la historia del país. A más de 100 años de distancia, el episodio continúa siendo un referente clave para la vulcanología mexicana y un recordatorio del poder latente del volcán más activo de México.
Señales previas: el volcán anunciaba su furia
Desde el 17 de enero de 1913, habitantes de la región reportaron explosiones, columnas de ceniza y estruendos que se escuchaban a kilómetros. La actividad fue en aumento durante varios días, hasta que la mañana del 20 de enero el volcán entró en una fase eruptiva mayor.
Lo que siguió superó cualquier antecedente reciente.
Una erupción pliniana sin precedentes
El Volcán de Fuego registró una erupción de tipo pliniano, caracterizada por su enorme energía explosiva. Una columna de ceniza, gases y material volcánico se elevó más de 20 kilómetros hacia la atmósfera, oscureciendo el cielo y provocando la caída de ceniza en amplias zonas del occidente mexicano.
Crónicas de la época describen cómo el día se volvió noche y cómo el estruendo del volcán parecía constante. La fuerza del evento fue tal que la estructura del cráter quedó profundamente modificada, alcanzando una profundidad estimada de entre 350 y 500 metros.
Flujos piroclásticos y lodo volcánico
Además de la columna eruptiva, se generaron flujos piroclásticos, avalanchas de gases y fragmentos incandescentes que descendieron por las laderas del volcán a gran velocidad, arrasando barrancas y valles cercanos.
Posteriormente, con la llegada de lluvias, los depósitos volcánicos dieron origen a lahares, flujos de lodo que siguieron los cauces naturales y ampliaron el impacto en zonas bajas.
Aunque los registros de víctimas humanas son escasos y poco precisos —debido al contexto histórico de la Revolución Mexicana—, los daños ambientales y geográficos fueron significativos.
Un evento clave para la ciencia
La erupción de 1913 es considerada por especialistas como la más violenta del Volcán de Colima en al menos 500 años. Sus depósitos volcánicos han sido estudiados durante décadas y sirven como referencia para evaluar los escenarios de riesgo actuales.
A diferencia de las erupciones más frecuentes pero moderadas observadas en años recientes, el evento de 1913 demuestra que el volcán es capaz de episodios explosivos de gran escala.
Una advertencia que sigue vigente
Hoy, el Volcán de Fuego de Colima continúa bajo monitoreo constante. Sin embargo, la erupción de 1913 recuerda que su actividad puede cambiar de forma repentina y extrema.
Más de un siglo después, el mensaje sigue siendo claro: la historia volcánica no es solo pasado, es una herramienta esencial para la prevención y la protección de las comunidades que viven a su alrededor.

