Morena está posicionando a Riult

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Bitácora Reporteril 

Por: César Barrera Vázquez

Al igual que ocurriera con Andrés Manuel López Obrador en los primeros años de la década del 2000, cuando el oficialismo priista y panista lo convertía en blanco constante de ataques, hoy ese mismo mecanismo lo replica Morena al convertir al alcalde de Colima, Riult Rivera, en su principal objetivo.

Desde las más altas cúpulas del partido hegemónico, los señalamientos en su contra son reiterados, casi cotidianos, lo que deja ver, más allá de las palabras, a quién perciben como su rival más competitivo.

Los medios no fabrican figuras políticas: son los propios actores quienes se posicionan —o son posicionados— por la atención que despiertan en sus adversarios. La lógica es simple: nadie desperdicia municiones contra quien no representa amenaza alguna. Por eso, al fijar su mirada en Riult Rivera, Morena lo eleva, lo valida como contendiente fuerte, y sin quererlo, lo promueve.

Este fenómeno no es nuevo. López Obrador fue el más atacado por el viejo régimen, y esa persecución le redituó en simpatía. Ahora, los morenistas repiten el error, al grado de que las descalificaciones contra el edil colimense ya se dan incluso en eventos oficiales, donde debería imperar la institucionalidad. En vez de ignorarlo, optan por visibilizarlo. Lejos de debilitarlo, lo proyectan.

La estrategia es torpe: si en verdad buscan restarle fuerza, bastaría con ignorarlo. El desprecio político es más eficaz cuando se ejerce en silencio. Pero al confrontarlo de forma constante, lo encumbran. Como reza el dicho: el insulto del enemigo suena a elogio. Mejor harían en enfocar sus esfuerzos en fortalecer la imagen de la gobernadora y comunicar los logros del oficialismo.

Y si Riult no cumple, será la ciudadanía quien lo cuestione, no los adversarios. En la política, el juicio más duro no proviene de los contrincantes, sino del electorado.

Dos puntos

El Universal exhibió en su portada a los senadores Ana Karen Hernández y Virgilio Mendoza, del oficialismo, como algunos de los legisladores con más inasistencias en la Cámara Alta: 21 y 13 faltas, respectivamente. ¿En qué trabajo te permiten faltar tantas veces, aunque sea con justificante? Ambos votaron por extinguir organismos autónomos, destruir la carrera judicial y militarizar al país. ¿Esa es la representación que merece Colima? En un país donde faltar al trabajo se castiga con despido o descuento, la inasistencia legislativa es una bofetada al ciudadano.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.