El combate a la corrupción: simulación o realidad en el nuevo régimen

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Bitácora Reporteril

Por: César Barrera Vázquez

 ¿Cómo saber si un gobierno combate realmente la corrupción? La respuesta es sencilla: dime cuántos funcionarios de alto nivel están en prisión por enriquecimiento ilícito o desvío de recursos. ¿Se persigue a quienes detentan poder, o se les protege?

 Si no hay nadie procesado —mucho menos sentenciado— entre las filas del oficialismo o la clase política, entonces estamos ante una simulación. O peor: ante un régimen que encubre la corrupción porque la ha interiorizado tanto que forma parte de sus estructuras de poder.

 Lo más grave es que la impunidad se vuelve prueba de que la corrupción ha llegado a las más altas esferas. Por eso no hay consecuencias jurídicas, ni castigos ejemplares. Así, la corrupción no se combate, se administra.

 Veamos el contraste. Enrique Peña Nieto, cuya administración fue ampliamente señalada por corrupción, tuvo durante su sexenio a cinco exgobernadores en prisión: Javier Duarte (Veracruz, 2017), Tomás Yarrington (Tamaulipas, 2017), Roberto Borge (Quintana Roo, 2018), Guillermo Padrés (Sonora, 2016) y Andrés Granier Melo (Tabasco, 2013).

 La mayoría eran priistas. Más allá de sus motivaciones políticas, esos procesos demostraron que había consecuencias penales para figuras relevantes del sistema político. El discurso se sustentaba con hechos, pruebas incontrovertibles (ex gobernadores encarcelados) de que no hay impunidad.

Hoy sucede lo contrario. Y prueba de ello son Adán Augusto López, Gerardo Fernández Noroña, Ignacio Ovalle (caso Segalmex), Napoleón Gómez Urrutia, Alejandro Esquer, Eva Cadena, Eréndira Sandoval, y los hermanos y los hijos del expresidente AMLO, entre otros. Algunos han sido captados recibiendo dinero y a otros se les ha documentado su fortuna inexplicable. Pero ninguno ha pisado la cárcel.

 Por consiguiente, ¿con qué pruebas se puede afirmar que el régimen actual realmente combate la corrupción? ¿A quiénes ha metido presos? Lo intentó con Rosario Robles y el tiro le salió por la culata.  ¿Más allá de este discurso que forma parte de un recurso propagandístico, realmente hay una política pública contra la corrupción? ¿Dónde están los grandes corruptores y corruptos? En la cárcel no. Y se hubiera esperado ejemplos para escarmentar del gobierno que levantó y ondeó bandera blanca en cero corrupción. Sólo fue propaganda.

 Dos puntos

 Las evidencias son tan abrumadoras que el nuevo gobierno que encabeza Sheinbaum y la FGR han tenido que reaccionar. Pero lo han hecho cuidando no afectar a quienes integraron el primer círculo del expresidente AMLO, el aún líder moral de su movimiento, porque lo afectarían directamente a él de seguir las investigaciones. Así, la presidenta está en una disyuntiva: o genuinamente combate la corrupción o la protege. Los hechos nos dirán por cuál decisión optó.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.