Bitácora reporteril
Por: César Barrera Vázquez
El título de esta columna responde a un comentario que me hizo un amigo, militante de Morena, quien me reconvino por mis críticas en este espacio hacia el régimen actual. Me dijo que, en el fondo, yo era un priista de clóset.
Como todo lo escrito permanece, hago esta aclaración: no milito en ningún partido ni tengo filias ni fobias partidistas. Lo que sí rechazo es esa obsecuencia ciega con la que algunos siguen las decisiones cupulares de sus partidos, como si fueran dogmas incuestionables. La rechazo porque creo que atenta contra la misma dignidad humana.
No respaldo ni repudio a partidos por su historia, sino que evalúo lo que hacen, cómo gobiernan y cuáles son las consecuencias de sus decisiones. Me interesa, sobre todo, cómo impactan esas decisiones unilaterales, sin diálogo democrático, en la vida pública.
Nací en 1988, cuando se gestaban reformas cruciales para la democracia: la ciudadanización del entonces IFE, la creación de organismos autónomos y la incorporación de los derechos humanos a la Constitución. Fue el inicio del desmontaje de un régimen que dominó por más de 90 años. Hoy, esas conquistas están siendo erosionadas.
Por eso, lo que respaldo es el fortalecimiento de las instituciones autónomas, que con criterios técnicos y científicos, sirven de contrapeso al poder político, especialmente en temas como salud, seguridad, economía, medio ambiente o justicia. Me preocupa que el régimen actual esté desmantelando esos órganos y capturando otros —como la CNDH, el INE o la Suprema Corte— con personajes afines al partido oficialista. Es una vuelta a los tiempos del priismo autoritario, pero ahora disfrazado de transformación.
No estoy en contra de Morena por ser Morena, sino por sus prácticas: debilita los contrapesos, concentra el poder y despoja al ciudadano de sus derechos y, por lo tanto, de su dignidad, pues no puede haber ésta sin respeto a los derechos humanos, como el acceso a la información, a la salud, a la justicia, no sólo jurídica, sino social, económica, ambiental y cultural.
Prueba de ello ahora es la reforma a la ley de amparo, que busca quitarle la posibilidad a que organizaciones puedan tramitar amparos para proteger el medio ambiente, como sucedió con las suspensiones en las obras del Tren Maya por no contar con las manifestaciones de impacto ambiental, y tanto criticó AMLO desde la cúpula de la mañanera. Todo eso que llaman transformación para mí es regresar a los tiempos más rancios del priismo.
Dos puntos
Estoy seguro de que estoy del lado correcto de la historia, porque lo contrario de mi postura sería apoyar el totalitarismo, la concentración de poder, la simulación del diálogo democrático y la imposición para destruir instituciones garantes de derechos humanos y de la división de poderes. Justo lo que está haciendo el actual régimen y partido oficialista.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

