La Incógnita del Hombre

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Por: José Díaz Madrigal

Durante una larga velada en la casa de una apreciable familia. Entre el grupo de amigos que convivíamos en ese lugar, el anfitrión, un excelente profesional de la ortodoncia; en contestación a un dilema de moralidad que había surgido, pensando un momento lo que iba a decir, de repente soltó la siguiente pregunta a todos los ahí reunidos: a ver, entonces ¿para qué existimos? ¿Por qué los hombres tenemos una vida activa en este mundo? Díganme ¿De qué forma podemos resolver ésta Incógnita?

La interrogante quedó flotando por breves instantes en el aire, hasta que vino la respuesta de parte de un culto sacerdote que estaba entre nosotros. El ser humano -dijo- vive para la gloria de Dios. Él nos hizo a su imagen y semejanza para hacer el bien, para dar buenos frutos. Vivimos para ser felices, Dios nos quiere alegres y no con cara de vinagre.

Cuando haces todo para la gloria de Dios, su gloria inunda tu vida. Te sientes mas vivo, vibrante de alegría, lleno de paz y gozo. Trabajar para la gloria de Dios, es tener un propósito en el correr de la vida. Aún en momentos de dificultad, porque ese proyecto de vida, lo estás haciendo todo por Él y junto a Él.

A veces tenemos la tendencia de no dar valor a las cosas ordinarias del día a día. Nos enfadamos, nos quejamos, nos frustramos; sin embargo esas pequeñas cosas, esos mínimos detalles, son tan valiosos para Dios también como los grandes asuntos. Lo realmente importante para hombres y mujeres de nuestro tiempo, es que esa incógnita de la que se habló, quede despejada. Primero aprendiendo a ser agradecido en cualquiera de las cosas, chiquitas o grandotas y, segundo en saber dar gracias por la vida que Dios nos presta. . .

La disertación del Padre continuó casi a modo de homilía, pero con la confianza de poder rebatir o cuestionar en corto, los argumentos que se expresaban.

Alexis Carrel fue un médico e investigador francés, que recibió el premio Nobel de medicina, por sus estudios en relación de la reparación de los vasos sanguíneos -Angiología- y los trasplantes de órganos.

Carrel es el autor del libro “La Incógnita del Hombre” en el cual concentra una gran cantidad de conocimiento sobre el ser humano. Trata de sintetizar el funcionamiento normal del cuerpo humano y, a la vez aborda la parte metafísica como un conjunto que se desenvuelve en armonía. Alexis explica que su intención en esa obra, es reunir tal cantidad de datos del ser humano que nos ayude a comprendernos y así resolver La Incógnita del Hombre en la tierra.

Al principio, como científico no lograba entender ciertos hechos curativos de pacientes enfermos, puesto que estaban fuera del alcance de una demostración razonable de la medicina.

En una ocasión viajando a Lourdes en un tren que conducía a ese Santuario Mariano en el sur de Francia, coincidió con una paciente desahuciada por los doctores. Ella estaba enferma de peritonitis tuberculosa. Ya le habían dado sólo unos días de supervivencia. Tenía el abdomen distendido con muchas bolas duras y dolorosas a la palpación. Le comentó a Carrel que llevaba años padeciendo esa lastimosa enfermedad y que sentía que eran sus últimos días.

Poco después de llegar a Lourdes, Carrel se encontró con un viejo amigo médico como él. Los dos se fueron caminando hacia la pileta donde metían a los enfermos para bañarlos con el agua prodigiosa. Se encontraron con la enferma del tren, que no pudo entrar a la pila a causa del sufrimiento doloroso de las bolas en el abdomen. Así pues, los familiares invocando la ayuda de la Madre de Dios, empezaron a echarle agua en el vientre, eso ante la presencia de los dos médicos.

Sucedió el milagro. Aquellas bolas duras, aquellas dolorosas protuberancias abdominales desaparecieron, todo en el transcurso de una hora. La mujer que estaba condenada por los galenos a morir en pocos días, se alivió. El doctor Alexis no lo podía creer, pensaba que él se estaba volviendo loco; observó fascinado la respiración, el pulso, el ritmo cardíaco. Todo bien, luego le preguntó cómo se sentía. Ella respondió que se sentía curada. Le palpó el abdomen y todas las bolas se habían esfumado.

Alexis Carrel el estudioso y disciplinado investigador, que sólo creía por los métodos científicos, el escéptico en religión, el aplicado descubridor que acumuló enorme información acerca de la Incógnita del Hombre. Humildemente subió los escalones del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes y empezó a rezar. . .

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.