Una elección de Estado

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Bitácora reporteril

Por: César Barrera Vázquez

Puesto que en la pasada elección del Poder Judicial de la Federación obtuvieron el triunfo, en su inmensa mayoría, juzgadores afines al oficialismo y al partido hegemónico, luego entonces estamos ante lo que se conoce como una elección de Estado.

Prueba de ello es que ganaron el 90 % de quienes aparecían en los acordeones electorales, profusamente repartidos por integrantes del oficialismo y operadores del partido gobernante, tal y como sucedía en los tiempos del presidencialismo imperial del PRI.

Perder o ganar una elección es parte del juego democrático. El problema no es el resultado, es el modo. Nuestro diseño constitucional establece la división de poderes como un principio rector: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial deben operar bajo una lógica de contrapesos, que evite la concentración del poder en una sola persona.

Si quienes resultaron electos fueron previamente propuestos por el Ejecutivo, y el Legislativo funciona como una extensión de la Presidencia, entonces, en los hechos, ese principio de división queda inoperante.

De ahí que esta elección, al colocar a perfiles cercanos al régimen en posiciones clave de la impartición de justicia, nos aleje del modelo constitucional democrático y nos acerque peligrosamente a una forma de gobierno más autocrática, más autoritaria.

Porque, ¿qué confianza puede tener el ciudadano cuando se enfrente al poder? ¿Qué certeza jurídica existe si acude a un amparo frente a un acto arbitrario? Ya hemos visto cómo las ministras oficialistas han votado en bloque a favor del Ejecutivo, y no en defensa de los derechos de las y los ciudadanos.

Esta elección del pasado domingo consolida esa tendencia: un Poder Judicial alineado al poder político, un sistema de justicia que pierde su independencia, y con ello, su legitimidad.

Cuando eso ocurre, los precedentes cambian. La jurisprudencia se acomoda. Y los derechos humanos, lejos de ampliarse, retroceden. Porque ya no se dictan resoluciones pensando en la persona, sino en el interés del régimen.

Dos puntos

Ojalá esté equivocado. Ojalá esta nueva configuración judicial sirva para fortalecer el sistema, no para someterlo. Que realmente se defienda la Constitución, los derechos humanos y los tratados internacionales que nos vinculan con un marco democrático. Aunque, por ahora, todo indica lo contrario.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.