LA CONFIANZA 

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Meditación Literaria

Por: Oliver Reyes Valencia

“Si te comparas con alguien inferior, te sentirás superior; pero al descubrir a quienes son superiores a ti, te sentirás peor.”

Una mano que sostiene la vida de un ser vivo en el suave contacto de piel con piel. Naturaleza que se encuentra con naturaleza, ambas conscientes de lo frágil que es la existencia. Un recién nacido que, con el tiempo, tendrá que aprender a confiar en los demás
Con los años, la mente se liberará hacia nuevos conocimientos. Estos, poco a poco, se acumularán como una bola de nieve que, impulsada por la soltura y la confianza, crece al rodar cuesta abajo, haciéndose cada vez más grande.
Quizás, un día, esa confianza construida —como esa gran bola de nieve en su descenso— choque contra una roca. El impacto la hará pedazos, derrumbando también las ganas de seguir aprendiendo. Así, la seguridad ganada con esfuerzo quedará destruida de repente.
Sin embargo, si nunca nos atrevemos a confiar, si no permitimos que la bola de nieve crezca y ruede, jamás experimentaremos la emoción del descenso, ni el conocimiento, ni la sabiduría que nace del camino recorrido.
La confianza y la empatía son los cimientos que, por siglos, nos han permitido sobrevivir como especie y forjar más valores que fortalecen a la sociedad. A eso se le llama ética: algo que, con el paso del tiempo, parece desvanecerse, y cada vez veremos menos.
“Aunque el riesgo de confiar duele, sin arriesgarse, no hay crecimiento.”
“Confiar desconfiando, y desconfiar confiando.”
La confianza no es un acto ciego, sino un equilibrio consciente entre apertura y precaución. Implica dar crédito a los demás, pero sin idealizarlos. Aunque arriesgamos al confiar, lo hacemos con los ojos abiertos (reconociendo que las personas pueden fallar). También es no cerrarse por completo, incluso después de una decepción.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.