Bitácora reporteril
Por: César Barrera Vázquez
Cualquier discusión sobre temas de interés público, incluso en Facebook, debería ser un ejercicio de argumentación y análisis, un espacio donde las ideas se confronten con hechos y datos. Sin embargo, en tiempos de polarización extrema incitada desde el poder, la discusión pública se ha degradado hasta convertirse en un intercambio de descalificaciones y consignas repetidas sin sustento, sobre todo en las redes sociales.
La siguiente conversación es un reflejo de esta realidad. Todo comenzó con una propuesta concreta: Mely Romero planteó la reducción de tarifas eléctricas para evitar que las familias paguen más por el calor. En un país donde el costo de la electricidad es una preocupación legítima, uno esperaría un debate sobre la viabilidad de la propuesta, sus implicaciones y posibles alternativas. Pero en lugar de argumentos, la respuesta inicial fue una descalificación basada en el pasado político de la senadora.
El seguidor de la 4T no cuestionó la propuesta en sí, sino que recurrió al ataque personal: “Pero si ella fue parte de la famosa reforma energética ! De paña Nieto ! Que solo se robaron el dinero !! Ella cree todos somos como su mamá para creerle sus mentiras !”, escribió en el Facebook de Colima Noticias. De inmediato, se descalificó la postura de Mely con la narrativa de que toda la reforma energética fue un fraude, sin matices, sin análisis. No se trata de un argumento, sino de una consigna política prefabricada.
Al ver la publicación, intenté encauzar el debate con preguntas concretas: ¿realmente la reforma fue sólo un robo?, ¿por qué el actual gobierno ha mantenido gran parte de su estructura y disposiciones en la legislación?, ¿no sería mejor debatir la propuesta en vez de descalificar a la persona? Pero la respuesta no fue un análisis ni una contraargumentación, sino insultos: “No puedes ser más absurdo y tonto porque desapareces ! Esa madre solo fue el desmantelamiento querían privatizar la luz ! Por eso huyeron a España porque le estaban dando todos los beneficios y ala hora de la hora se colgaban de la infraestructura de la CFE como repites estu pi do ces! estás tan atrasado que das pena tú eres parte de ese caldo gordo que hace fuerte al prian con su ignorancia ! Y todo gracias a la corrupción que trasforma educación para ser lamecolas! Ya hasta mismos del prian se deslindaron de esa madre ! Como el canayin y otros ! Aceptando que todo era un cuento !! Nunca bajó nada ni se modernizó nada solo fue una más del prian !”
En ese punto, la conversación dejó de ser un debate y se convirtió en una espiral de agresiones. Mientras intentaba plantear una discusión con datos y cuestionamientos racionales—siguiendo el método mayéutico para llegar a un razonamiento adecuado (soy docente, no puedo dejar mi enfoque pedagógico)—el seguidor de la 4T optó por la burla, la descalificación y la repetición de consignas sin sustento.
El nivel del ataque no tardó en descender aún más hasta lo escatológico: “jajajaja ya te di hasta para llevar !! Tu tienes el cinismo y el descaro de ellos te lo reconozco… una necedad por vender la caca en chocolate ! Tu eres el que no aportaste ninguna prueba más que la obvia que tenías línea servil ! Ya mejor ve replicar mentiras a otro lado ! Aquí ya tiene rato que dejamos de ser saludos ! Mi estimado !”. Ante cada intento de regresar la conversación al terreno de los hechos, la respuesta era más insultos, más burlas, más frases sin contenido.
Si analizamos la conversación, quien esto escribe intentó en todo momento mantener la discusión dentro de un marco lógico y racional. Se plantearon preguntas clave, se intentó rebatir con hechos y se buscó contrastar opiniones con información. En cambio, el seguidor de la 4T jamás respondió con datos concretos, repitió frases gastadas y recurrió al insulto como única defensa.
No hubo intención de debatir la propuesta de Mely, sólo la necesidad de desacreditarla por su pasado político. Pero incluso si alguien considera que la reforma energética fue un error, eso no invalida automáticamente cualquier propuesta que la senadora haga en la actualidad. Si la postura del seguidor de la 4T fuera genuinamente crítica, podría haber señalado fallos específicos en la propuesta de reducción de tarifas, aportar cifras sobre el costo de la electricidad o proponer alternativas. En cambio, se limitó a lanzar ataques personales, insinuaciones y calumnias sin respaldo alguno.
El caso no es aislado. Cada vez más, el debate público se convierte en una batalla de etiquetas donde quien no se alinea automáticamente con el discurso propagandístico del régimen y el partido hegemónico es señalado como enemigo. En lugar de analizar propuestas, se desacreditan personas; en lugar de responder con argumentos, se responde con agresiones verbales, como si se tratara de una pelea entre párvulos para ver quién provoca más risas a un auditorio invisible.
Y lo más revelador es la forma en que el seguidor de la 4T proyecta sus propias fallas en el otro, acusándolo de tener una “consigna”, de estar “pagado”, de repetir “mentiras”, cuando en realidad es él quien recurre al discurso aprendido, a la consigna que no resiste el más mínimo cuestionamiento.
Si en algo han fallado los seguidores de la 4T es en su incapacidad para debatir sin recurrir a la agresión. En eso se parecen mucho a los seguidores de Trump, y ese es el reflejo que se resisten a ver porque los dimensiona y equipara al mismo nivel de falta de decencia.
Dos puntos
No quiero generalizar y decir que todos los seguidores de la 4T no saben entablar una discusión racional. Sólo no he tenido la suerte de conocer a alguien con la decencia de dejar el insulto de lado y buscar la verdad, de manera conjunta, a través de la razón.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

