El Cristo de los Cristeros

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Por: José Díaz Madrigal

Fue aquella madrugada del jueves 6 de enero de 1927 especialmente fría, cuando ya los esperaba frente a la puerta de la casa marcada con el No. 171 de la calle Venustiano Carranza de esta ciudad; el coche de sitio, un Dodge verde olivo manejando por su propietario Alfredo Blake, que vivía justamente en el lado sur de la casa antes citada y, era quien los iba a trasladar hasta la población jalisciense de Tonila, para iniciar el movimiento Cristero de Colima.

Además del conductor también iban en el auto, el jefe del pequeño grupo el futuro general Dionisio Ochoa; Antonio C. Vargas, Rafael Sánchez y José R. Navarro. Llevaban para iniciar la Guerra Cristera una diminuta pistola calibre 32, un revolver viejo, otra pistola 22, una carabina 30-30, un machete y 18 pesos. Ese fue el modesto armamento con que inició la gesta Cristera.

Duraron 3 horas para recorrer la distancia de poco más de 30 kilómetros de terracería que hay entre Colima y Tonila. Arribaron a una finca del portal frente al Jardín, con una familia pariente de los Ochoa, Dionisio y su hermano el Padre Enrique de Jesús Ochoa. En ese lugar se quedaron 3 de los novatos guerrilleros, regresando a Colima Navarro acompañando a Blake.

El primer día se unieron a la causa Pedro Ramirez, Miguel Anguiano y Eufemio Valadez. Éste último era un diligente ranchero que iba y venía sin descanso, llevando noticias y propaganda para organizar el movimiento bélico. Hasta que lograron reunir casi 20 combatientes, todos jóvenes y humildes trabajadores rurales, que al ver la injusticia que se cometía de pisotear su religión, su fe y creencia; por haber cerrado los templos por parte del gobierno, se decidieron ir a la lucha armada como último recurso. La mayoría de estos soldados novatos, eran muchachos de 15 a 20 años de edad.

Pronto supo el gobierno de Colima, encabezado aquel entonces por el rabioso gobernador Solorzano, el mismo que tiró balazos a unas manifestantes, desde el balcón de Palacio. Al conocer de la existencia del grupo rebelde, comisionó al jefe de la Policía Montada, el comandante Urbano Gómez para que con 60 gendarmes a caballo fuera a combatirlos. La mañana del 22 de enero, montado en brioso corcel salió de la plazoleta de La Sangre de Cristo, con su ejército de policías con rumbo a Quesería, eso si, no sin antes echar pestes y bravuconadas, para que los vecinos lo escucharan, contra unos sacerdotes que habían huido hacia aquella zona, por las amenazas del gobernador, decía: voy por los curas Ramos y Ahumada. . . Y no volveremos hasta traerlos bien difuntos, terciados en mulas.

Llegaron en la noche a Quesería donde durmieron, la mañana siguiente empezaron por mal tratar a todos los habitantes de la región, abriendo casas a la fuerza, robando lo que podían y destruyendo lo que encontraban a su paso. Al ingresar a la ranchería conocida como La Arena, destaron una balacera que hicieron huir a sus moradores.

No lejos de La Arena queda Caucentla, que se había convertido en campamento Cristero. Dionisio Ochoa oyó los balazos y preparó a 15 de sus Cristeros, para ir a defender aquella ranchería. Les cayeron a los polis rateros, sorprendiendolos por donde menos lo esperaban. Les tumbaron 8 gendarmes y 3 prisioneros, los demás corrieron. Urbano Gómez que tenía el propósito de traer a los curas a Colima bien difuntos a lomo de bestia, por ironías del destino le tocó a él y sus compañeros venir a lomo de bestia, bien muertos.

Dionisio y su gente, participaron en muchas batallas contra las fuerzas gobiernistas. De todos esos encuentros aquel año del 27, la mayor parte salió victorioso. En el mes de abril del mismo año, se incorporó como capellán -sacerdote de soldados- de los Cristeros, su propio hermano el Padre Enrique de Jesús Ochoa.

El 13 de noviembre del año referido, en el campamento conocido como La Yerbabuena, murió el valiente general Dionisio Ochoa en un trágico accidente, cuando explotó un polvorín donde se preparaban armas para la pelea. Junto a él murió también Antonio C. Vargas uno de los tres con que se inició el movimiento en aquella madrugada del 6 de enero de 1927.

El día de mañana se cumplen 98 años que inició La Revolución Cristera aquí en Colima. Ese movimiento armado se dió por la intolerancia gubernamental con el pueblo Católico y, la lucha que se desarrolló fue para conservar la libertad religiosa de la que ahora gozamos. De acuerdo a fuentes de aquella época, esa guerra tuvo un costo humano de 250 mil muertos entre ambos bandos, la mayoría de esos difuntos fue en tres estados: Jalisco, Colima y Michoacán.

A 98 años de distancia y para cerrar la herida de un pueblo agraviado, sería bueno recordar con justo homenaje a los caídos, pero de ambas partes, Cristeros y gobiernistas. Este reconocimiento sería con un monumento que sirva también en la actualidad como símbolo de unión y traiga alivio a una sociedad dividida por muchos problemas. La propuesta es edificar El Cristo de los Cristeros, para conmemorar dentro de dos años, el centenario de inicio de La Cristiada aquí en Colima.

 

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles CN COLIMANOTICIAS