Por: Ángel Durán
El derecho a la cultura es fundamental en la construcción de sociedades inclusivas y desarrolladas. Reconocido tanto en la Constitución Mexicana como en tratados internacionales, garantiza que todas las personas puedan acceder y participar en la vida cultural, un derecho que trasciende el simple disfrute de las artes para convertirse en un pilar de crecimiento social y personal.

La cultura no solo enriquece la identidad y diversidad de un país, sino que también potencia su desarrollo económico y social.
El artículo 4º de la Constitución establece que toda persona tiene derecho al acceso a la cultura y a disfrutar de los bienes y servicios que el Estado proporciona en esta materia.
La ley obliga al Estado a promover la cultura en todas sus expresiones, con pleno respeto a la libertad creativa y la diversidad cultural.
Asimismo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce este derecho, aludiendo a la necesidad de que las personas participen activamente en la vida cultural y gocen de los avances científicos y artísticos.
Esta combinación de normas nacionales e internacionales subraya la importancia de la cultura como un derecho humano esencial y como una herramienta de cohesión y desarrollo para las sociedades.
La promoción y garantía de este derecho no son solo responsabilidades del Estado; todas las instituciones y la sociedad deben colaborar para crear un ambiente en el que la cultura sea accesible y participativa.
Las instituciones educativas, culturales y gubernamentales tienen un papel clave en la implementación de políticas y programas que faciliten el acceso a la cultura y estimulen la participación ciudadana.
De igual forma, la sociedad civil puede contribuir a la defensa de este derecho creando espacios para la expresión artística, participando en actividades culturales y apoyando las iniciativas locales, lo cual contribuye a fortalecer la identidad nacional y el tejido social.
En este contexto, las Comisiones Estatales de Derechos Humanos desempeñan un papel fundamental en la vigilancia y promoción del derecho a la cultura.
Su función implica no solo proteger los derechos culturales de la ciudadanía, sino también impulsar políticas públicas que permitan un acceso equitativo y participativo a la cultura.
Al trabajar con la sociedad civil y otros organismos, estas comisiones pueden desarrollar programas y actividades que sensibilicen a la población sobre la importancia de la cultura y el respeto a la diversidad cultural, promoviendo una educación que fomente los derechos humanos y una valoración positiva de la pluralidad cultural en el país.
El derecho a la cultura no se limita al acceso a eventos o instituciones artísticas; incluye también la promoción de valores como el respeto, la paz, la igualdad y la convivencia.
Así, la cultura debe abarcar todas las áreas de interacción humana, desde el ámbito familiar hasta el social, promoviendo una cultura de paz que eduque en el respeto y el diálogo.
La promoción de esta “cultura de paz” es esencial para enfrentar los desafíos actuales de la sociedad mexicana, pues impulsa la convivencia armónica y pacífica a todos los niveles, fomentando una base sólida para el desarrollo sostenible del país.
Reconocer el derecho a la cultura como un eje fundamental para el progreso social es una tarea urgente en México.
La cultura no solo genera identidad y cohesión social; también es un motor de crecimiento económico, que promueve el turismo, crea empleos y despierta la creatividad.
Al garantizar que todos puedan participar en la vida cultural, se sientan las bases para una sociedad más justa y equitativa, en la que cada individuo tiene la posibilidad de desarrollarse plenamente.
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