LÓPEZ, ¿A QUÉ DIANTRES VAS A CHILE?

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Por José Díaz Madrigal

Estando radicando por una temporada en los Estados Unidos allá por la década de los ochentas, me tocó tratar a un educado caballero de origen chileno. Para indagar algo de su patria, le pregunté: ¿Cómo les ha ido con la bota militar de Pinochet? Con leve sonrisa y como agradeciendo el interés por su país, me respondió, pues fíjate que nos ha ido bastante bien.

He de confesar que no esperaba ese tipo de respuesta, ya que las noticias que se nos daban en México, que desde que había llegado la junta militar al poder en Chile, se rompieron las relaciones diplomáticas entre las dos naciones. Las noticias eran en el sentido que los chilenos vivían en una especie de cárcel grandota, vigilada a todo momento por militares y policías.

El chileno empezó a explicarme primero como se desenvolvió el gobierno de Salvador Allende. Éste llegó al poder por el voto popular, con la promesa de implantar en Chile una reforma general de corte marxista. Los cambios provocaron una marcada división entre el pueblo. Algo así como en el México actual de López Obrador, en que existe la división de chairos y fifís.

Allende -continuó el chileno- era un hombre de aspecto bonachón y elegante, pero tras esa careta de bondadoso, estaba un político ruin de izquierda nefasta y masón; que en verdad no le importaba el sufrimiento del pueblo para imponer su ideología zurdo-marxista a rajatabla.

A causa de las expropiaciones y el modelo económico distinto, provocó escasez y carestía de productos básicos como los alimentos; inflación descontrolada que en la práctica detuvo la producción de toda clase de bienes, sumado a todo ésto las huelgas de fábricas y transportistas; creó una crisis económica, social y moral gravísima. Chile estaba en el caos y desgobierno.

Por estos motivos era casi natural que los militares, tomando en cuenta lo que padecía la gente humilde por el mal gobierno, tomaran cartas y echaran manos a la obra para arreglar la anarquía y desorden. Sinceramente éste otro lado de información acerca de Allende, yo la ignoraba, así pues, la respuesta y explicación que me dió el atento y cortés chileno, me dejó sorprendido.

Al amanecer de 11 de Septiembre de 1973 -mañana se cumplen 50 años- las fuerzas armadas y la Policía Nacional de Chile, derrocaron al gobierno de Salvador Allende.

Los dirigentes del golpe de estado exigieron la renuncia del presidente durante el sitio que impusieron al Palacio de la Moneda, en cuyo interior se encontraba Allende; éste rehusó a abandonar su cargo, por lo que el palacio presidencial fue sometido a bombardeo con aviones de guerra. Después del ataque, los militares golpistas presionaban para que Allende se rindiera y saliera de palacio.

En una visita que hizo el dictador Fidel Castro a Chile, le llevó de regalo a Salvador Allende un fusil de fabricación rusa de los llamados AK-47. Es bien sabido que entre delincuentes se regalan armas, no así entre jefes de estado. Pues con esa arma besada por el diablo, Allende se mató él mismo con un tiro que se dió abajito de la piocha, que le destrozó el cráneo.

Para conmemorar el 50 aniversario del golpe de estado en aquel país, no podía faltar un fiel admirador del destructor y negativo Allende: López Obrador, que el día de hoy está en la capital chilena para estar listo en la ceremonia de mañana. Pero antes entregará de manera póstuma a Salvador Allende, La Orden Mexicana del Águila Azteca. Ésta es la máxima distinción que otorga el gobierno mexicano a extranjeros por su servicio a nuestro país.

¿Que servicios le hizo Allende a los mexicanos? A reuniones internacionales realmente importantes para México, no te presentas.

López, ¿a qué diantres vas a Chile?


*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles CN COLIMANOTICIAS.