TAREA PÚBLICA
Por: Carlos Orozco Galeana.
(En memoria del obispo Gilberto Valbuena Sánchez, servidor de la iglesia cristiana)
Estoy nuevamente en contacto con ustedes luego de un reposo merecido. Gracias por compartir críticas y opiniones sobre los aspectos de interés social que abordo en esta colaboración los lunes y los jueves. Les deseo un año feliz a todos, que el amor, la paz y todo lo bueno llegue a sus vidas.
No se ustedes pero yo estoy preocupado por la reanudación de clases presenciales en las escuelas por la real o supuesta declinación de la pandemia pues siguen sucediendo contagios y muertes en varias entidades incluyéndose Colima. Por estos días, ha aparecido con fuerza la variante ómicron que, en USA se multiplicó más de un millón de veces en 24 horas. En México ya está presente en el mayor número de entidades y aquí también se ha disparado.
Respecto a ello, se repite el argumento en las esferas oficiales de que no es tan peligroso el contagio por la nueva cepa porque no se ha incrementado la tasa de hospitalización pero se olvida, como lo dicen científicos reconocidos, que el virus deja secuelas en las personas que lo sufren con cierta gravedad.
Entiendo que hay desesperación de niños y jóvenes por volver a encontrar el ritmo de estudio perdido y reanudar la amistad con amigos y maestros, además del enfado normal por falta de conocimiento en el uso de artefactos. Se entiende también que a estas alturas, por el ocio mal inducido, muchos pudieron haber generado adicciones por el uso desmedido de celulares y tablets, ante el disgusto causado por el confinamiento. Seguro que padres de familia, en ciertos momentos, no han hallado qué hacer para mantener ocupados a sus vástagos inquietos.
No ha sido fácil el transcurso de este tiempo en que la población estudiantil ha dejado de asistir a clases y a otras actividades habituales extraescolares. Y más problemas ha habido por las dificultades que entraña la operación de un nuevo sistema de aprendizaje mediante tecnologías, novedosas tanto para padres de familia como para los educandos.
La experiencia obtenida ha sido difícil, ha generado desigualdad y evidenciado dificultades económicas de padres de familia que han hecho milagros para hacerle llegar a sus hijos computadoras, tablets y teléfonos celulares para estar al menos en condiciones de presenciar y/o escuchar las clases en línea, situación que para muchos fue como un
viacrucis por fallas en las comunicaciones, principalmente en zonas rurales.
Todavía no se resuelven, en establecimientos escolares, las carencias de instalaciones y tecnologías mínimas para que los niños de comunidades no dejen de interactuar en su aprendizaje. Maestros y padres de familia se han mostrado ingeniosos para habilitar espacios y facilitar la enseñanza en forma por demás increíble. Se evidencia el patriotismo y la responsabilidad de miles de maestros que, fieles a sus deberes, hacen lo imposible para no interrumpir el servicio educativo, así sea en condiciones desiguales respecto a la educación que se imparte en medios urbanos. Por tan magnifica contribución, decimos que el desequilibrio educativo, con ser grave, no originó un desastre.
Pero hoy estamos ante la reanudación escolar en planteles públicos de educación básica, media superior y superior con estrictas medidas de seguridad y en forma voluntaria. Al régimen le urge regresar a la normalidad y principalmente que haya la percepción social que se derrotó a la pandemia y que hubo un gran operación política para salvar a millones de mexicanos de perder la vida. “Ya se pasaron en el descanso”, dijo el presidente Amlo refiriéndose a directores de escuelas y rectores. Pero se sabe que muchos padres de familia están temerosos aún y no les satisface la convocatoria oficial al regreso a clases pues el virus Sarc- 2 anda por muchos lugares, en el aire, y representa un riesgo no solo para los escolares sino para las familias.
Pero la disyuntiva hoy es regresar o no a clases presenciales. Los alumnos se quejan de que “no es lo mismo” esta modalidad a la de interactuar mediante tecnologías novedosas; se entiende porque el aprendizaje tecnológico es desigual; frente a quienes si poseen recursos, están los que tienen economía precaria y llevan atraso en su bagaje de conocimientos en esa modalidad virtual.
Esa disyuntiva se plantea por el peligro de los contagios, nadie garantiza que el mal no pueda extenderse hasta los hogares y transmitir el virus a adultos mayores que a pesar de estar vacunados, pueden tener complicaciones serias que los lleven incluso a perder la vida.
Con la vida no se juega. Desde los escritorios donde se toman decisiones, ha de considerarse esta variable de peligrosidad. Tienen que extremarse precauciones respecto a los alumnos y en los lugares donde se enseña.
Ya ha habido muchas desgracias, cientos de muertos en Colima, como para que se tomen acuerdos por motivos ideológicos o por atender órdenes que pudieran ser insensatas por lo que está en juego.

