Me gustaría ver sus caritas cuando al entrar vean en las paredes azules, coloridos peces del arrecife, corales, anémonas y una enorme tortuga, burbujas, y un delfín con su cría.
Y es que a partir de hoy, el área de consulta externa y aplicación de quimioterapia ambulatoria del Hospital será abierta para los pequeños pacientes y con él se desvelarán los tres murales que realizó el artista César Azrael Meraz Gutiérrez.
El oncólogo pediatra Carlos Martínez Pérez fue quien ideó esta transformación, de consultorio a acuario, y echó a andar la idea junto con la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (Amanc) en Colima, que preside Ana Cristina Fernández.
Mediante su cuenta de Facebook, Amanc lanzó el reto, una fotografía en la que se leía “Así queremos ver nuestra sala de oncología pediátrica” y tenía motivos acuáticos. Fue a través de esta imagen que el artista se involucró en el proyecto.
El médico lo cuenta así: “César nos hizo el contacto a través de Facebook, él tiene experiencia pintado para niños, además de su arte, es su oficio, y nos contactó a través de Amanc; le dimos el área para pintar y la temática hacia el mar y César y su creatividad, ya fue el que hizo la magia”.
SUEÑO REALIDAD
Después de varias semanas de trabajo, César terminó los murales, uno de ellos, el más grande, está en la sala donde los niños acuden a que les apliquen medicamentos; este proceso puede durar de unas horas o minutos a varias horas, pero no requieren hospitalización.
En esa sala los niños comen, ven televisión o disfrutan de las actividades lúdicas que se hacen en la semana por los varios grupos que apoyan el área de Oncología Pediátrica. En ese mural verán la tortuga, los delfines, los corales del arrecife y los peces.
De los otros dos murales, uno se encuentra en el consultorio del doctor Carlos Martínez, son dos peces payasos pasando entre algas y corales. Los niños rápidamente los identifican como Nemo y el papá de Nemo, aunque no son calcas de los famosos personajes.
El tercer mural muestra un manatí bajo el agua y encima la línea de la costa, una playa blanca y llena de vegetación. Cancún. Este lugar albergará el consultorio de Psicología, un brazo muy importante en el tratamiento del cáncer en niños.
“Creemos que el mar es el contexto apropiado para esta área. Además de que el azul que da el entorno del mar es un color relajante, tranquilo, no produce hambre, no produce ninguna sensación de estrés, al contrario es un color que por cuestiones emocionales relaja, es pasivo y los peces también influyen, cuando vez una pecera te hipnotizas viéndola y ahí te quedas un tiempo. Es un lugar confortable, cómodo, sin estrés”, dice Carlos Martínez.
Como experto en la materia, comenta que a los niños acudir a este consultorio les rememora cierto dolor “porque hay que canalizarlos para aplicarles los medicamentos intravenosos, pero pasada esa etapa el niño supera esa sensación y el confort viene cuando ve a sus papás cerca, que saben que acabando el medicamento se van a ir, pero sí llegan a pasar de una hora hasta 8 horas aquí”.
CÁNCER INFANTIL
El oncopediatra Carlos Martínez es un hombre joven, de cabello al rape, bata blanca, lentes modernos; es un médico vanguardista, sensible, amigo de los niños, que en sus años de práctica en el Distrito Federal recuerda la anécdota de haber visto entrar al área pediátrica un par de perros para que los niños los acariciaran.
“Yo me quedé sorprendido. ¡Cómo perros en el área pediátrica! Mis ideas eran atrasadas entonces”.
Me cuentan también que el doctor usa máscara de luchador en ocasiones que va a visitar a sus pacientes, y estas ideas están beneficiando a los niños para que se motiven, para que no estén tristes y tengan esperanzas contra su enfermedad.
Actualmente en este Hospital hay 34 niños recibiendo tratamiento, en siete meses que van del 2012 se han registrado 3 fallecimientos por tumores, pero la buena noticia es que la sobrevida en Colima está por arriba de la media nacional, pues de cada 10 pacientes, 7 sobreviven.
“Hay muchos pacientes más de vigilancia, que siguen asistiendo a sus consultas, pues desde el momento que los diagnosticamos hasta los siguientes 5 años de haber terminado el tratamiento les damos un seguimiento”.
“El porcentaje de sobrevida es un número importante que no logro yo, sino un número muy grande de pediatras, médicos internos, residentes, cirugía oncológica, hematología, hasta la señora que viene y hace el aseo”.
Los tipos de cáncer más frecuentes que atienden son leucemias y tumores cerebrales.
“No se sabe qué realmente produce cáncer pero influye el tabaquismo, drogas, tóxicos ambientales como el smog, como los insecticidas, nuestra misma dieta influye para que nos pueda dar cáncer; la predisposición genética, ya que gente que nunca fuma le da cáncer en el pulmón, y hay gente que toda su vida se expone a sustancias tóxicas y nunca le pasa nada”.
El médico sugirió estar al pendiente de los niños porque a veces “nos llegan en etapas muy tardías y eso nos incrementa la mortalidad”.
LA ESTRELLA: EL PINTOR
César Azrael asumió de forma completamente altruista este reto para los niños con cáncer. Es pintor desde los 8 años de edad y aprendió y amó este arte gracias a su papá Don César Meraz, quien se dedicaba a pintar murales en primarias y prescolares del Estado.
A través de su arte ha recorrido varios países, ha vivido en Londres y Canadá, pero nunca ha perdido su sencillez ni ha dejado de ayudar. No le tiene miedo a trabajar gratis y más si se trata de niños.
“En mi carrera he trabajado más para esas personitas. Porque creo que si educas a un niño, tienes más posibilidades de que se vayan familiarizando con la cultura. He convivido con niños con inclinaciones artísticas y los veo distintos a los niños que no han tenido educación cultural artística”.
Refirió que curiosamente, Amanc estaba solicitando quien les ayudará a este proyecto, “y yo me tropecé con ellos en las redes sociales. Ahora se hizo el trabajo y me da mucho gusto haber participado con ellos”.
“Estas pinturas son un regalo que se hace a los niños. A mí me deja satisfacciones personales, y más el saber para quiénes es”.
Cabe resaltar que los murales no tienen firma, así que seguramente el autor se perderá en el tiempo, pero dejará su huella impresa en la imaginación y en el corazoncito de esos niños que día a día luchan para sobrevivir y en las personas que los ayudan, con amor y dedicación.
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