TAREA PÚBLICA

0

JUAN GABRIEL, LA PÉRDIDA

Por: Carlos Orozco Galeana

Todo un acontecimiento mediático resultó el fallecimiento inesperado  del ídolo mexicano Juan Gabriel, cuyo talento convertido en canciones que todo mundo ha cantado al menos una vez, y sus arreglos no exentos también de calidad, han significado un aporte a nuestra cultura musical.

Con más de  cuatro décadas de carrera artística, JG se ganó el reconocimiento de millones de personas no solo de su país sino de otros más, latinoamericanos y europeos,  que  han manifestado el pésame por su ausencia repentina. Ha de tener una despedida digna, a la altura de su tamaño como artista.

Quienes siguieron la serie sobre su vida, pasada por Canal 13, supieron quien fue este hombre de inigualable talento para componer canciones sencillas, pero pegajosas, sentimentales, que todo mundo ha escuchado o cantado. Tuvo una infancia difícil, en un hogar donde había muchas bocas que mantener,  con el agregado de que el sostén familiar, el padre, padecía la enfermedad del alcoholismo. De un lado para otro anduvo  Juan Gabriel, que hasta la cárcel pisó.

Pero como no hay injusticias eternas, con una actitud muy digna, de mucho esfuerzo comenzó a dar sus pasos como canta autor enfrentándose a empresas que no veían más que sus intereses y, después, a verdaderas mafias que se aprovechaban del talento ajeno. Su pobreza lo impulsó a luchar todos los días para abrirse paso. También por esto es un ejemplo para quienes luchan  en la vida por salir adelante sin más apoyo que las propias fuerzas.

Juan Gabriel es sinónimo de persona perseverante. Para no haber pisado una universidad pues estudió hasta quinto de primaria, fue muy exitoso, pero fundamentalmente sencillo, humilde, no lo mareó la fama. Siempre tuvo, a juzgar por los testimonios de quienes lo conocieron, sus brazos abiertos a todos, su consejo fácil y oportuno; algunos argumentos citan que era una persona magnánima, dulce en extremo.  Sin embargo, como personaje famoso que fue y es, no faltan los que le critiquen su tendencia sexual, sus vestidos, su forma de moverse y de actuar, etc, las letras sencillas de sus canciones, pero no se podrá negar que hizo aportes importantes a la cultura musical. No me quedo corto  si lo comparo con artistas de la talla de Lola Beltrán, Jorge Negrete, Javier Solís y aún con nuestro José José quien, todo y deteriorado en su salud, sigue siendo   un artista muy escuchado y valorado.

“Era y es un sentimiento. Juan Gabriel, mucho más que una voz, un compositor o un símbolo, fue un estado del alma. A veces dulzón y cálido, otras roto y llorado. Pero siempre fiel a sí mismo, a un incendio melódico que a lo largo de seis décadas nunca se apagó y que es (y será) espejo de México”, escribió Jan Martínez de Diario El País.  Y una de sus amigas más cercanas. Mariana Soane,  lo calificó como un “ser de luz”.

Y es que Juan Gabriel fue un excelente ser humano como lo revelan amigos y conocidos en entrevistas que le han hecho. Vivió una vida sin mayores escándalos, tuvo muchos amigos a los que ayudó de diferentes modos e hizo muchas obras buenas en diversas entidades del país. Fue un ser de luz, en efecto, por su gran calidad humana.

Su legado es impresionante: más de 150 millones de discos vendidos  y unas 1,800 canciones elaboradas que dan muestras de su talento. Fue también muy orgulloso de  ser mexicano y  proclamó en sus presentaciones su identidad.

México pierde una ilustración de su música. Juan Gabriel seguirá cantando muchísimos años más porque  llegó al corazón de millones de personas  que aprendieron a quererlo por las cualidades que ya he citado en líneas anteriores. Hay quienes opinan que los medios exageran en dedicar muchas horas  por su  deceso, pero yo digo que vale la pena hacerlo porque   entregó su vida a entretenernos, a emocionarnos con sus canciones, mostrándonos su humanidad, que la convirtió en amor y servicio para todos. Descanse en paz.