DIÁLOGO CONTRA VIOLENCIA
Por: Carlos Orozco Galeana
El país está a la expectativa de si proseguirá la violencia teniendo como protagonistas a la CNTE y grupos afines de filiación izquierdista- guerrillera contra el Estado mexicano en términos de que produzca pérdida de más vidas humanas o daños materiales o de si, finalmente, prosperarán los oficios que ha realizado en Bucareli el secretario de gobernación, quien ha tenido un manejo adecuado frente al conflicto y ha advertido que las cosas ya llegaron a límites intolerables.
Mientras los dirigentes magisteriales exigen a la SEP que cesen las evaluaciones y que se “negocie la reforma”, (en su lenguaje, que se anule) el presidente Peña Nieto ha advertido que esta no tiene reversa, lo cual se ratificó el pasado fin de semana en la que se examinó a miles de maestros de los cuales un 50 por ciento no resultó favorecido en la promoción que buscaban y no lograron su objetivo. Dijo en Canadá: el interés superior es por la infancia mediante una educación de más calidad.
Y si el gobierno no está jugando con las cosas, tampoco la CNTE, que le hace al vivo organizando bloqueos intermitentes que producen pérdidas millonarias a la hotelería, al transporte, al comercio y perjuicios severos a los grupos que reciben el apoyo del Estado vía programas sociales y que han visto perturbados y vivido hambre las últimas semanas por los bloqueos.
Mención aparte merece el infortunio por los muertos de Nochixtlán y la falta de calidad en las averiguaciones que aún no determinan quien disparó a la muchedumbre. Es deseable que no se fabriquen culpables y se encarcele a inocentes como suele acontecer cuando se presiona al Estado en busca de justicia.
El secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio, ha tenido una participación impecable en el asunto; mucho se juega en su futuro como para no desplegar las mejores artes de la política y encontrar un camino de entendimiento, aunque es más importante la pacificación del país y la recuperación de la normalidad del servicio educativo que lo suyo. “Si al diálogo, pero no por encima de la sociedad”, advirtió previamente al envío de la fuerza del Estado para poner un alto al vandalismo en las regiones en donde la CNTE ha adquirido más fuerza.
Este asunto pinta para largo. Ha de tenerse cuidado en que las cosas no se desborden y generen más muertes. Hay riesgo de que la violencia se manifieste con más vigor si no se usa la inteligencia y las partes renuncian, sobre todo la CNTE, al todo o nada.
Los mexicanos no quieren más muertos ni que se haga más daño al prestigio del país, pero rechaza rotundamente que no se use la fuerza estatal para proteger los derechos de los más. Los líderes y profesores tienen derecho a manifestarse, pero no lo tienen para destruir lo que encuentren a su paso ni dañar a terceros que no tienen nada que ver en el asunto.
Han de entender los maestros que hace falta un esfuerzo nacional para recuperar la educación, a la baja en el contexto de naciones de la OCDE, pero también ha de tenerse la sensatez del régimen de escucharlos y, en su caso, modificarse en algunos aspectos la reforma que, por ser nacional, agarró parejo y consideró las mismas circunstancias para regiones distintas. Mientras la pobreza obstruye el desarrollo educativo en amplios lugares del sur, en el norte existe un aprovechamiento superior y con ello la brecha de la desigualdad educativa crece.
Igualmente, ha de considerarse que el desarrollo profesional es distinto en el norte, occidente y sur del país. Los genios de la SEP debieron haber estudiado a fondo la realidad económica, política, cultural y social de esas tres partes e introducido normatividad que conciliara las diferencias. Lo urgente es resolver la situación y evitar más daños a niños y jóvenes que no pueden estudiar por la intervención anómala de líderes que lejos están de ser considerados maestros. Como Rubén Nuño, por ejemplo.

