ÉTICA Y PODER
Por: Carlos Orozco Galeana
Nacho Peralta tiene el perfil moral para predicar con el ejemplo y fundar una ética del deber.
No es extraño que una diversidad de conductas de servidores públicos en el país esté por debajo de la ética, al margen de lo que debe ser una conducta intachable en el ejercicio de responsabilidades. Hay quienes anhelan tener un cargo público porque piensan que les redituará mucho ya que no hay transparencia ni rendición de cuentas y pueden maniobrar a su antojo. Y son muchos, por desgracia, los que aciertan en sus cálculos individualistas, en sus ambiciones, y traicionan a la sociedad.
Una sociedad bien ordenada, fecunda y sabia requiere gobernantes investidos de legítima autoridad, que defiendan las instituciones y consagren, en la medida suficiente, su actividad al provecho del país. Han de ser personas capacitadas, prestigiadas y reconocidas que proyecten confianza entre los gobernados. Necesitamos en los gobiernos a personas rectas, capaces y empeñosas que obedezcan los dictados de la sociedad. No a dictadores, rapaces, ni improvisados.
No abonan al bien general servidores públicos que, en el ejercicio de los cargos, hacen como que se interesan por la comunidad pero se interesan más por si mismos. Hacen mucho mal a México los depredadores que aprovechando el padrinazgo político o el voto que se les confirió, se instalan en las sedes del poder para satisfacer sus ambiciones personales. Los fraudes y todos aquellos subterfugios mediante los cuales escapan algunos a la obligación de la ley, deben ser penados por ser incompatibles con las exigencias de la justicia.
En el calderonato, recuerdo que cuando el presidente FCH fungió como director de Banobras se adjudicó a si mismo un crédito hipotecario al que no tenía derecho, el cual devolvió ante el gran alud de críticas. Reconoció su conducta truculenta. Poco antes que él, en esta misma dependencia, el reelecto presidente de la OCDE, José Angel Gurría, se había jubilado en ese Banco a una edad tan temprana que no pudo evitar sospechas de que se estaba beneficiando a si mismo.
¿ Y quién olvida el saqueo en Zacatecas cuando “gobernó” Amalia Garcia, que quedó impune? ¿Y a Andrés Granier, a Guillermo Padrés y a la pandilla que construyó la Línea 12 del Metro? ¿Y la actuación de diputados de todos los partidos que, desvergonzadamente, toman dinero del presupuesto legislativo en todos los congresos dizque como ahorro a su favor? ¿Y qué me dicen del profesor Humberto Moreira, arraigado ¡pero en España y no en México!?
Un ejemplo más de la falta de ética es el de los altos salarios que se fijaron los consejeros del Ife, intento que no fructificó por la presión de la opinión pública. Y luego esta lo de los bonos que a cada rato auto asignan. El secretario de Agricultura del gobierno de FCH, por cierto, fue un funcionario que haciendo uso del poder se adjudicó para si créditos agrícolas a los que no renunció “ por ética”, según dijo el desvergonzado. En esta dependencia se benefició a poderosos empresarios amigos del “gobierno del cambio” y familias de narcotraficantes. En el Poder Judicial, los magistrados se atragantan con el presupuesto y ganan estratosféricos sueldos superiores a los de Barack Obama o Cristina Fernández. Y no se diga lo que ocurre en Pemex donde los saqueos están a la orden del día y no cesa la confabulación de intereses para ordeñarla. Pemex es una cueva de criminales.
Urge la instauración de una ética pública en el país que proteja los intereses de todos y que los hombres del poder pregonen con el ejemplo de sus actos buenos y sean transparentes como el expresidente uruguayo José Múgica. La sociedad debe construir contrapesos para llegar al punto de que el poder se controle a sí mismo. ¡Vaya aspiración ésta! Es ahora un sueño guajiro. Hoy, muchos crímenes contra el erario quedan impunes por la falta de interés y vigor social y de valentía para defender lo que es de todos.
Ha de haber más presión social para exigir que cesen las conductas de malos servidores cuyos nombres en Colima todos conocemos y que acumularon en poco tiempo fortunas increíbles en franquicias gringas, negocios de bienes inmuebles, constructoras, casinos, depauperando aquí y allá en un ciclo abusivo que nadie paró. Enrique Peña Nieto tiene que abanderar la lucha por un país limpio. Ya basta de discursos.
Y lo mismo deberá hacer el gobernador electo Ignacio Peralta, que ofreció transparencia y un gobierno honesto, aplicar la ley y cumplir un gran número de compromisos de campaña del que los colimenses estaremos pendientes. Nacho Peralta tiene el perfil profesional y humano para predicar con el ejemplo y fundar una ética del deber en términos verídicos. Ya es tiempo.

