TONALTEPETL

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Por Gustavo L. Solórzano

Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano. Demetrio de Falero (350 AC-280 AC) Orador, filósofo y gobernante ateniense.

El gobierno del estado a través de la dirección de tránsito convocó a los estudiantes de primaria que tuvieran interés en recibir educación vial. Era el año de 1975 y junto con muchos niños y niñas yo acudí para inscribirme, la idea era no solo aprender las leyes de transito sino también a dirigir el tráfico en las principales esquinas y avenidas del centro de nuestra ciudad. José “Pepe” Vázquez, era el agente responsable de coordinar la instrucción y le gustaba hacerlo. Ahí conocí a Rafa Anguiano, a Oscar Sánchez, a Lalo Nolasco, a Toño y Memo Enciso, entre muchas otras personas cuya amistad conservo.

El tiempo nos ha llevado por muchos caminos y pienso que de aquellos niños y niñas, salimos adultos de bien. Con Toño, aunque no perdimos contacto, el camino nos reencontró en la Feria de Todos Santos, como se llamaba entonces. Gracias a mi trabajo en XEBCO Radio Occidente la Voz de Colima, acudí a dirigir junto con Anabela Abdalá el certamen para elegir a la Reyna de la feria 1987.

Con modestia lo digo, a Toño le gustó mi desempeño y me ofreció apoyarlo en La Concha Acústica o teatro del Pueblo. José Antonio Enciso Núñez se destacó siempre por ser un buen amigo, buen esposo, padre y abuelo. Amaba su trabajo y supo ganarse el respeto y afecto de quienes convivimos con él. Fue un incansable promotor de la cultura ancestral, ya que se desempeñaba hasta su trascendencia, como Director del  Museo Universitario de Artes Populares “María Teresa Pomar”; tenía carácter para hacer lo que le gustaba, pues lo mismo coordinaba a un solista, que a cuarenta y cinco grupos artísticos.

Ciertamente nadie somos indispensables, sin embargo la experiencia de Toño y su gran amor por lo nuestro, dejan un hueco que difícilmente se llenará. Los altares de muertos, la Danza de los Chayacates, el arte de las Máscaras en Suchitlán, el Campaneo coordinado con la Diócesis de Colima, la presencia cultural de Oaxaca y su permanente investigación en el rescate de nuestras tradiciones ancestrales, son solo algunas de las actividades que el realizaba.

Sencillo y claro, no necesito morir para que conociéramos sus virtudes, las tenía y reconocidas por todos. Guerrero valiente que enfrentó su destino y supo aceptar su tiempo.

La carroza fúnebre es guiada por los Apaches de Tecomán, en la iglesia aún resuenan las voces angelicales del coro de la Universidad de Colima, su segunda casa. El trayecto es corto, una guardia de honor al interior del Museo, ahí donde sus sueños se volvieron realidad y la gente de las comunidades encontró eco a sus necesidades. El camino hacia el panteón municipal es guiado por los caracoles, cuyo sonido llama a los guardianes de la luz para que lo reciban. Gracias mi hermano por ser parte de mi recorrer en esta senda, hasta siempre. Sigo pensando que los grandes hombres no mueren mientras sus obras permanecen, viven en el corazón de quienes les queremos. Es cuánto.

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