Temazcal en la ciudad

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Entre libros y café

Por: José Luis Cobián León

No para siempre en la tierra solo un poco aquí, Poema Netzahualcóyotl

El temazcal cuyo nombre proviene del náhuatl, “temas, vapor y calli, casa”. Es un baño de vapor en el que se suda para tonificar el cuerpo y el espíritu. La primera vez que realice esta ancestral actividad hace aproximadamente 16 años pensaba que era darse un baño en aguas termales, que equivocado estaba.

El lugar se situaba a la entrada del poblado de Cofradía de Suchitlán a borde de carretera, en el lugar nos recibió el guía, mientras tenía preparando las piedras que formarían parte del Temazcal que se calentaban a lumbre de leña, nos llevó a dar un recorrido por el cerro para conectarnos con la naturaleza.

Vestidos con ropa ligera, el maestro fue con cada integrante del grupo para sonar un tambor alrededor de nuestro cuerpo que era para nivelar nuestros “CHACRAS” que según el maestro son: “Puntos energéticos a través de los cuales se alimenta al ser humano. El ser humano cuenta con Siete Puntos Energéticos Básicos, a través de los cuales, el Cuerpo Astral le da energía al cuerpo físico, definiéndole las diversas facetas de su salud y su destino”.

Nos invitó a entrar a una cueva a dos metros bajo el suelo, elaborada por el mismo, bajamos por una escalera y en el interior nos sentamos formando un caracol, yo con mi cara de turulato no sabía lo que pasaba no obstante seguía las indicaciones.

En el centro se encontraban partes de copal (incienso) y las piedras candentes, que el guía rociaría mas adelante con agua emitiendo vapor, convirtiendo el pequeño espacio en un verdadero horno, logrando con esto que cada parte de nuestro cuerpo sudara.

La recomendación fue, que si perdíamos la calma metiéramos la nariz en el jarrito de barro a la mitad de agua que se nos dio previamente, a razón de que la nariz es el órgano más sensible del cuerpo y al introducirla en el recipiente neutralizaría el efecto del calor, cuando voltee todos tenían las narices metidas al igual que yo.

Al terminar nuestro contacto espiritual, nos zambullimos en una pequeña alberca que por la temperatura que adoptamos en la cueva, parecía que tenía hielo, pero era muy necesario meterse para templar nuestro cuerpo, finalmente nos tirarnos de bruces al suelo para recuperar nuestras vidas, después de haber experimentado esta actividad de nuestros antepasados.

Esta actividad la podemos experimentar en la ciudad, en las horas pico de calor, en cada actividad que realizamos, en el auto o en el colectivo, que son verdaderos temazcales, pues incluso se puede sentir como el sudor recorre todo el cuerpo hasta la extremidad de la espalda donde esta cambia de nombre.

Sin embargo, en cada visita del dios Tláloc, o nos deja en la ciudad una agotadora calor o inundadas las calles, reviviendo con ello los toboganes de la 16 de Septiembre y la Venecia de El Valle. Solo esperemos que no venga el dios Pachacámac, que significa “alma de la tierra, el que anima el mundo”, que sus temblores no tienen nada de animados. Esperemos se mantenga tranquilo y mejor se vaya a poner una guarapeta en algún bar de nuestro puerto y este tranquilo. Para que no quede nada en el tintero:

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