Pupitre al Fondo

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Escuelas punitivas

Por: Blanca F. Góngora

Todos o casi todos podemos dar testimonio de acciones punitivas ejercidas en la escuela. Digo escuela, pensando en cualquiera de los niveles de educación básica, pero me concentro sobre todo en el nivel secundaria, que es donde seguramente estas acciones tienen su corredor de la fama, incluida su alfombra roja y sus nominados: maestros que se exceden y no solamente “reportan” sino que además no olvidan pormenores del “error” juvenil y lo magnifican a tal grado que aquello que pudiera ser una nimiedad, lo convierten en todo una fechoría casi casi con tintes delictivos.

La escuela no ha podido dejar de lado su carácter punitivo. Ni las corrientes pedagógicas contemporáneas, ni las reformas educativas tan en boga en los últimos años, ni las escuelas privadas, muchos menos las públicas han logrado erradicar la represión y el excesivo autoritarismo reinante en las escuelas. El estudiante sigue siendo una presa acorralada por indicaciones infinitas de sus maestros, que en el caso de secundaria se magnifica, ya que están en relación constante con al menos seis maestros al día, lo que implica enfrentar de tajo diferentes estilos de enseñanza, diferentes maneras de evaluación, diferentes estados anímicos y diferentes grados de sensibilidad humana, quedando los alumnos con la única actitud posible que pueden poseer bajo esas circunstancias: estar a la expectativa de lo que sí o no pueden hacer en ese lapso de 50 minutos que dura cada una de sus clases.

Ante estas circunstancias, creo que los docentes somos los únicos que podemos  romper con este círculo vicioso de la sanción. Vivimos de por sí en una sociedad represiva: gobiernos que pisotean nuestros derechos, familias con altos grados de violencia (de todos los tipos y en todas las sociedades, ¡basta ya de creer que en el primer mundo no existe la violencia familiar!), colonias plagadas de abandono, y si a esto le aunamos escuelas punitivas, entonces seguiremos incrementando el resentimiento social, y con ello el rechazo total a la credibilidad en la educación como única alternativa posible de desarrollo y progreso. Falta, pues, un amplio consenso entre los maestros para pasar de una forma punitiva de escuela a otra más sensible,  sin dejar de ser estricta, y afectiva, sin dejar de ser rigurosa. Nunca es tarde.

 

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@BlanquiFG

 

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