El Papa pide respeto a la naturaleza

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ABC. es

El Vaticano.- El auténtico Francisco es un personaje de trazos fuertes, según lo describió el Papa durante la misa celebrada ante la basílica de Asís, precisamente en el día de su fiesta y después de haberse reunido primero con los enfermos, a las ocho de la mañana, y después con los pobres.

El Papa explicó en su homilía que el mensaje del santo es también fuerte, pues «la paz franciscana no es un sentimiento almibarado. ¡Por favor! ¡Ese San Francisco no existe! Y tampoco es una especie de armonía panteísta con la energía del cosmos… Eso tampoco es franciscano, sino una idea que algunos han construido».

El Santo Padre afirmó que «la paz de San Francisco es la de Cristo, y la encuentra quien ‘toma su yugo’, es decir, su mandamiento: amaos los unos a los otros como yo os he amado». De ahí surge la paz que el Papa pidió con fuerza, sintiendo «el grito de quienes lloran, sufren y mueren a causa de la violencia, del terrorismo o de la guerra en esa Tierra Santa, tan amada de Francisco, en Siria, en Medio Oriente, en el mundo».

Desde la «Ciudad de la Paz», el Papa recordó que «el santo de Asís nos enseña el respeto por todo lo que Dios ha creado. Y por cómo lo ha creado, sin experimentar sobre él para destruirlo». Recordó que estamos llamados «a proteger y cuidar la creación, sobre todo el ser humano, que es el centro de la creación. Dios ha creado el mundo para que sea un lugar de crecimiento en la armonía y en la paz».

El primer Papa que ha tomado su nombre, invitó a descubrir, sobre todo, la enseñanza central de Francisco: «que ser cristianos es una relación personal con la persona de Jesús. Lo aprendió rezando en la iglesia de San Damián ante aquel crucifijo en que Jesús no aparece muerto sino vivo. La sangre fluye de sus heridas, pero Jesús no tiene los ojos cerrados sino abiertos. Dirige una mirada que habla al corazón».

El intenso programa del Papa en Asís incluye una comida con los pobres de la Caritas y, por la tarde, encuentros con los sacerdotes y religiosos, con las religiosas clarisas en la basílica de Santa Clara, y con los jóvenes

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