De Candidaturas y Cándidos en la Sucesión

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    Pero, además, yo agregaría que hay crimen organizado, incluso desde el poder público o soliviantados por éste, en algunos casos, digamos, desde 1994, cuando se dieron sucesivamente los asesinatos de los priístas Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu, en marzo y septiembre de ese año.
    Para los colimenses, en ese sentido, es imposible olvidar que dentro de diez días, el 24 de febrero, habrán de cumplirse ya cuatro años de la trágica muerte del gobernador Gustavo Vázquez Montes, que se dio en circunstancias aún no esclarecidas y que tratan de ocultarse por quienes, probablemente, incurrieron en connivencia con la impunidad e intentan seguir medrando del poder.

    Basta traer a memoria en este espacio lo que a propósito de aquel siniestro se registró en la prensa nacional y local por destacados periodistas, para revalorar los hechos y saber cómo actuaron distintos personajes de la clase política local.

    En aquel momento, el periódico nacional La Jornada, del viernes 25 de febrero de 2005, en nota de Verónica González y Ernesto Martínez como corresponsales, con foto de Pablo Cerna, se informó de la muerte del gobernador de Colima, Gustavo Alberto Vázquez Montes, “al estrellarse la avioneta en que viajaba, procedente de Toluca con destino a la capital de su estado, en la localidad de Tzitzio, 28 kilómetros al sureste de Morelia, Michoacán”. Con él, también fallecieron los secretarios de Turismo y Finanzas de la entidad, Roberto Preciado Cuevas y Luis Barreda Zedillo, respectivamente; el empresario Alejandro Dávila y el director de Promoción Turística del gobierno estatal, Guillermo Díaz Zamorano, así como los tripulantes de la aeronave, Mario Torres González y Germán Ascencio Faubet.

    La Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) informó que la aeronave, de la marca Israel Aircraft Industries, modelo 1124, matrícula XC-COL, propiedad del gobierno de Colima, despegó del aeropuerto de Toluca a las 15:16 horas. “Pero el reporte indicó que 18 minutos después el piloto informó a los servicios de tránsito aéreo que aterrizaría en el aeropuerto de Morelia por problemas con la aeronave. De ahí se perdió contacto con la misma”, dice la nota.
    Y agrega: “A las 16:20 horas, Protección Civil de Michoacán reportó que habitantes del poblado El Zapotito escucharon una fuerte explosión en un punto que coincidía con la última posición de la aeronave, misma que fue localizada hecha pedazos aproximadamente a las 17:20 horas cerca de la población de Tzitzio, 28 kilómetros al sureste de Morelia. ‘Todas las personas a bordo de la aeronave resultaron con lesiones fatales´”, precisó la SCT.

    Luego, aunque se indicó entonces que las investigaciones para determinar el origen del accidente estaban a cargo de la Dirección General de Aeronáutica Civil (y hasta la fecha, en 2009, estamos esperando los colimenses los resultados de las averiguaciones).

    A consecuencia de ese hecho fatídico, quien era el secretario general de Gobierno, Arnoldo Ochoa González, dice la nota, informó anoche que se haría cargo temporalmente del despacho del gobernador, en tanto el Congreso del estado designaba a un mandatario interino. El Poder Legislativo debería convocar a elecciones extraordinarias, dado que el mandatario aún no cumplía dos años en el cargo.

    Y bien, en columnas políticas como ASTILLERO de Julio Hernández López, se publicó el mismo viernes 25 de febrero de 2005, con el tema Figuraciones, lo siguiente: bajo el subtítulo de “Accidentes, cacicazgos, narco”, Julio dijo en su texto: <>

    Posteriormente, en el periódico El Comentario, con fecha Jueves 10 de marzo de 2005, apareció en la columna PLAZA PÚBLICA de Miguel Ángel Granados Chapa, bajo el tema Colima Electoral, lo que se retoma a continuación:
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    Si con lo anterior ya tiene una idea el lector acerca de las circunstancias políticas y sociales que imperaban entonces en Colima, y sobre cómo ocurrió el accidente, también hay claridad en torno a cómo ha operado siempre la dupla Arnoldo Ochoa González-Fernando Moreno Peña, que aparentemente se aleja y vuelve a cerrar filas, filias y fobias.

    Pero volviendo al principio: si en verdad hubiera disposición de evitar la delincuencia organizada, la justicia debería ser pronta y expedita, esto es, eficaz, y en memoria del profesor y extinto gobernador Gustavo Vázquez Montes, ya tendrían que haber pugnado por resolver el caso de su trágica muerte. Las cajas negras están ocultas. Los testimonios que ahí se grabaron jamás se han dado a conocer a la comunidad colimense. Por cierto, también desaparecieron a los pocos días los testigos de que explotó en el aire la nave en que viajaban el entonces mandatario y sus acompañantes.

    Aquí en Colima, Carlos Maldonado Villaverde manejó en aquellos meses la hipótesis de que se puede hacer perder los controles de un avión, mediante un celular. Y en esto coincide lo que el pasado viernes 7 de noviembre, también en La Jornada, en artículo de fondo que lleva por título “¿Atentado?”, escribió el escritor y periodista Carlos Montemayor, respecto al “avionazo” en que perdió la vida Juan Carlos Mouriño Terrazo. Sencillamente, Montemayor señala que “es riesgoso, por incompleto y sesgado, que el secretario Téllez proponga como demostración de que se trató de un accidente una hipótesis insuficiente: creer que el único tipo de sabotaje posible es el de una bomba…
    Los sabotajes pueden prepararse de diversas maneras: por ejemplo, por un desajuste o desperfecto en los instrumentos de control de la aeronave. En este caso, las hipótesis también pueden ser diversas: desde un sabotaje ‘mecánico’ hasta un sabotaje de tipo electrónico; en este último caso, el sabotaje pudo haberse consumado tecnológicamente desde un teléfono celular”.

    Y han contribuido a investigar algo, por gratitud o lealtad partidaria, Fernando Moreno Peña o Arnoldo Ochoa González. Hasta el secretario general de gobierno, Héctor Michel Camarena dijo el miércoles que “el diputado Arnoldo Ochoa no le abona a la seguridad estatal”.

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