CULTURALIA

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EN HONOR A LA VERDAD

Por: Noé Guerra Pimentel*

En la historia de los pueblos siempre hay personajes que aunque ocultados nos resultan inevitables pues como quiera que haya sido, fueron parte fundamental de los sucesos que dieron vigencia a cada lugar y sin los cuales se complicaría entender su propia realidad. Tal es el caso de Iturbide (Agustín Cosme Damián de Iturbide y Aramburu) quien habiendo nacido en la Antigua Valladolid, tal y como lo consigna la historia tuvo una injerencia directa y al final definitiva en el desarrollo de la guerra civil que devino en la independencia del entonces Virreinato de la Nueva España y del posterior nacimiento del estado nación que es hoy México.

Iturbide, según se sabe y yo lo dudo dada la persistente manipulación de los acontecimientos y la perversa transformación de los personajes históricos, no fue un buen estudiante, lo que se contradice en los hechos, pues muchas de las cosas que llevó a cabo las hizo en forma premeditada, estudiada, de ninguna manera casual o circunstancial, lo que finalmente le redituó ser el ganador y aunque se le ha negado y la inmortalidad que se le ha escamoteado, puesto que cada que se mencione el origen de nuestro país, la bandera, el ejército regular y el gran acuerdo consumativo de la Independencia, se le tiene que mencionar.

Por aquellos tiempos solo era conocido lo que protagonizaba algún rico influyente tal y como ocurrió cuando en la catedral de Valladolid el 27 de febrero de 1805 se unieron en matrimonio el subteniente Agustín de Iturbide de 22 años con Ana María Huarte, joven de 19 años e hija del intendente Isidro Huarte. Agustín, con breves estudios en la academia de Valladolid y luego en el seminario Teológico, trascienden de él, gracias a la parcialidad histórica, solo aspectos negativos, como aquello de que era mal estudiante y su presunto sadismo apuntalado con aquella versión, cierta o no, de que “se divertía cortándole los dedos a los pollos y se deleitaba viéndolos como sufrían para caminar”.

Lo que sí está comprobado es que a los 15 años ya era el administrador de la hacienda de Quirio, desempeñándose con eficiencia al mantenerla, hacerla progresar y crecerla, a la vez que como era común en su época, se afirmó como el hábil jinete que fue hasta el último de sus días. De ahí se enroló en el regimiento provincial, agrupación militar que fue movilizada a la ciudad de México en 1806 y de ahí a Jalapa. En 1808, año en que Napoleón invadió a España y obligó al rey Carlos IV a que abdicara a favor de Fernando VII y este a que depusiera su corona y a los dos junto con sus familias los encerró en un castillo en Bayona.

Noticias que no se pudieron detener, como tampoco el golpe de estado que dieron los abarroteros hispanos y el alto clero contra el virrey Iturrigaray. Con el levantamiento de Hidalgo en el pueblo de Dolores; el 20 de Septiembre, de convicción realista, Iturbide por sus propios medios hizo camino a la ciudad de México para ofrecer sus servicios militares al virrey Venegas.

De ahí salió comisionado hacia Acámbaro y Maravatío, donde derrotó a una gavilla de insurgentes que al paso por su hacienda la habían saqueado, hecho que lo puso como natural adversario del movimiento de insurrección agregándose a las fuerzas del coronel Torcuato Trujillo, encargado de impedir a Hidalgo su avance a la capital, lo que no ocurrió, pero que posibilitó que Iturbide participara en la batalla del Monte de las Cruces, ascendiendo a capitán.

Gracias a la captura del célebre “Manco” Albino García, de gran ascendencia, en Guanajuato, Aguascalientes y Tlaxcala, a quien atrapó con más de un centenar en Valle de Santiago, mismos que luego fueron fusilados, siendo el Manco el que sacó la peor parte, pues para escarmiento fue descuartizado; Iturbide fue ascendido a teniente coronel. Igual se benefició con la estratégica toma de Yuriria donde apresó a todos incluyendo a José María Liceaga, integrante de la junta insurgente de Zitácuaro. Lo que ya le dio la oportunidad de acercarse a los altos jefes realistas, entre ellos al propio Calleja.

*Socio de número y Presidente de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C. 2009-2013.

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