CRÓNICA

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RAFAEL AGUILAR SÁNCHEZ 

Por: Noé Guerra Pimentel*

El pasado 11 de diciembre en el jardín principal de Armería, en una sencilla pero emotiva y concurrida ceremonia, fue develado un busto en honor a un nativo de este pueblo, Rafael Aguilar Sánchez, hombre, nombre y trascendencia social que quizá para alguien resulte desconocido pero no para los armeritenses que les tocó haber alcanzado el recuerdo de quienes con su hambre y esperanzas por delante participaron en la forja de esta puebla que se constituyó en Junta municipal de Manzanillo en 1935 y en cabecera municipal, la más joven del Estado, en 1967.

Pero ¿Quién fue Rafael Aguilar Sánchez? Rafael no fue un personaje de la historia de bronce, ni siquiera considerado en las monografías locales como tampoco en biografías escolares o alguien cuya vida se pueda encontrar en buscadores electrónicos; Rafael, fue alguien más cercano, un hombre de carne y hueso, real, humano, y en eso radica su grandeza, puesto que de origen modesto como hijo de campesinos, de Jovita Sánchez y de J. Concepción Aguilar, fue nativo de Armería, donde vio su primera luz el 26 de junio del año de 1938 e hizo sus primeras prácticas de balompié, deporte de garra y de contacto, pero también de inteligencia en el que con los años se destacó por su visión, habilidad, estrategia, capacidad de improvisación, juego de conjunto, perspicacia, fuerza y técnica, cualidades que sumadas a su estatura y carácter lo hicieron sobresalir.

Fue tan destacado que siendo de donde era, de Armería, apenas una localidad en crecimiento, a la edad de 19 años, en 1958, pudo figurar para resultar seleccionado estatal y de ahí a la titularidad como medio de contención, lo que lo llevó a probarse con “las chivas rayadas del Guadalajara” en la primera división profesional, donde en esa condición alternó con jugadores como Jaime el Tubo Gómez, Salvador Chava Reyes, el Jamaicón Villegas, el Tigre Sepúlveda, Sabás Ponce, el Bigotón Jasso, Chololo Díaz, entre los más de aquel Guadalajara, cuadro histórico en el que por razones extrafutbolísticas no se quedó pero que sí lo llevó a otro grande de aquel tiempo, al León, también de la división mayor, donde debutó ese año y de ahí pasó al Monterrey de la misma división en 1960.

Equipo del que como superior refuerzo se lo trajo otro cuadro revelación, el “Deportivo Atenquique”, donde permaneció por más de tres años hasta que regresó a su entrañable Armería, a su pueblo que un día lo vio marcharse a probar suerte y buscar la gloria con sus cualidades y talentos, lo que por más que se esforzó, por más que lo intentó, el destino le negó esa posibilidad y fue así como enfrentando el paradigma de que “nadie es profeta en su tierra”, se aventuró a volver sin esperar a tener “la frente marchita”, sino en plenitud, a la edad de 25 años, para ofrecer y dar lo mejor a su Armería donde al parecer encontró lo que buscaba, volvió a su llano, caminó su tierra, nadó en su río, miró su mar, respiró su aire y, sin más, se afanó por su gente a la que se entregó en cuerpo y alma, corazón y vida con su experiencia, madurez y liderazgo para transformar a aquel puñado de jóvenes campesinos en verdaderos guerreros en el campo de juego.

Fue aquí donde el exprofesional jugador consumó su realización deportiva al forjar no solo el prestigio del nombre de un equipo de futbol que no existía y de una generación entera, sino que allende fronteras, en tan solo cuatro años, de 1963 a 1967, de ascendente e invicto trayecto, consolidar el reconocimiento no solamente del grupo que encabezaba, el “Club Deportivo Armería”, sino que, visto a distancia sentó las bases para constituir el ejemplo de coraje, compañerismo, pundonor, compromiso, solidaridad, respeto y amor con los que desde dentro y de fuera se distingue la personalidad de cada uno de los nativos, caracterizados por su incuestionable identidad, la de ser y saberse armeritense.

Es así que hablar de Rafael Aguilar Sánchez, es rememorar a la mejor época del único deporte que se practicaba y unía a los hombres, a las mujeres y a las familias de aquel creciente e inspirador pueblo, el futbol. También es hablar de muchos jóvenes que veían en Armería la tierra de promisión que les ofrecía el mejor futuro encontrando en el trabajo de la tierra su aliciente de prosperidad y en el deporte, la sana recreación y crecimiento en conjunto, como las mejores alternativas para lograrlo. Un deporte, el futbol, que amateur, según consignan testimonios diversos, trajo triunfos inéditos y reconocimientos aunados al respeto de toda la región y, con ello, la gloria y el orgullo de una identidad en ciernes, propia de la gente de un lugar en construcción, de un sitio entonces ignoto, apenas de paso y casi desconocido, inspirados por liderazgos que descollaron para sembrar, como a través del deporte lo hizo él.

Rafael Aguilar Sánchez, falleció a los 68 años de edad el 22 de enero del 2006. Habiendo nacido en 1938, Rafael, tuvo conciencia de la consolidación de la Junta municipal y luego de la constitución del municipio, en 1967 y, con esto, de la elevación del pueblo de Armería a la categoría de cabecera; sin duda eventos transformadores que definieron al líder que por vida fue, tal y como se le reconoce por cuantos lo conocieron y que con su estima tuvieron el privilegio de tratarlo y a quienes generoso dejó su huella. A Aguilar Sánchez le sobreviven dos bisnietos, diecinueve nietos, sus seis hijos y su viuda, la señora Irma Yolanda Magaña.

Armería así lo honra y con él enaltece a las mujeres y a los hombres, a todas aquellas familias pioneras que desde los años treinta del siglo pasado vinieron a quedarse para transformar este páramo en vergel y construir la identidad de la gente que al paso ha definido a los mejores armeritenses. Bien por el Ayuntamiento (2015-2018) que consecuente y haciendo eco a la sociedad civil, también lo significa a perpetuidad además de reconocerlo como: “hijo, ciudadano y deportista distinguido de Armería”.

 

*Cronista oficial del Municipio de Armería.

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