CONFLICTO EN LAS ALTURAS

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TAREA PÚBLICA

Por: Carlos Orozco Galeana

Muy pocos abrigan dudas de que el resultado de las elecciones pasadas en Colima fue un parte aguas en la historia política de Colima. Los ciudadanos votaron mayoritariamente por una opción política distinta y una formación dominante (Pri) probó el polvo del camino sin ganar nada importante, mientras que su otrora poderoso rival de ésta, el Pan, recibió igualmente su merecido por desunirse y haberse aliado tres de sus diputados al carro del poder estatal en forma indigna. Ambas formaciones, ahora derrotadas, tendrán que recomponerse para no ser rebasados otra vez por partidos de reciente creación como Morena y MC en la elección del 2021.

La nueva realidad indica que el gobernador IPS tiene que hacer uso de sus cualidades de negociador, que usa poco, aceptar que las cosas han cambiado   aunque le duela el corazón y gobernar con eficacia y eficiencia tratando de atenuar el desgaste que todo mandatario sufre conforme avanza su sexenio. Se ha publicado que mantiene buenas relaciones con algunos de los más destacados actores de Morena, uno de los cuales, de Colima, Mario Delgado, es compañero suyo por su formación como economista y conocido por haber coincidido ambos en su carrera en Itam y en lides político- administrativas. Se sabe también que guarda una buena relación – a secas- con la diputada federal Indira Vizcaíno Silva. Pero frente a esos lazos amistosos, está la más poderosa opinión: la de Amlo. Todo puede pasar.

Reitero: el gobernador sabe con precisión que sus bonos políticos no están a la alza y que necesita, le urge, hacer un trabajo relevante respecto a la solución de problemas graves como en el ámbito de la salud y la educación. No ha sumado últimamente  simpatías a su causa por los errores técnicos en la obra de la Calzada Galván ni por la elevación de costos que se producirán con las siguientes modificaciones en su trazo. La verdad sea dicha, el quemón ha sido bárbaro. Muchos ciudadanos se cansaron de protestar cuando la construcción apuntaba a un error descomunal al reducirse los márgenes de tránsito, preguntándose incluso acerca de las capacidades técnicas de los funcionarios participantes en esa edificación.

Ignacio Peralta debe hilar políticamente muy fino y acertar en sus decisiones, reducir las tensiones y enfrentamientos con sus contrarios, que están muy empoderados. Le traen ganas. Morena viene con todo aunque de entrada no tendrá la precisión requerida en sus funciones fiscalizadoras en el Congreso. IPS, sin embargo, ya entró en controversia con ese Movimiento por la solución parcial originada por la disminución del pago de la caseta de Cuyutlán, la que consideró insuficiente, y más recientemente por su postura sobre la consulta que usó López Obrador para apoyar su decisión de respaldar el proyecto aeroportuario de Santa Lucía. La consulta sobre este, dijo, “fue un ejercicio poco serio y desaseado, un insulto a la inteligencia de los mexicanos”. Lo contrario, precisamente, fue lo que argumentó en el programa de Carlos Loret de Mola el martes por la mañana Mario Delgado, que defendió a su jefe Amlo frente a las críticas del representante de Coparmex, sin éxito por cierto. Las divergencias sobre proyectos políticos, pesan.

Es decir, Ignacio está respaldando, y hace bien, decisiones y discursos del que se va, del presidente EPN que lo apoyó con todo para su triunfo. Tiene que comer vidrios sin cortarse y asumir responsabilidades políticas aunque se enojen los de Morena. Los morenos, en el congreso, están en su papel de ser opción de poder por primera vez y comenzarán pronto si es que no lo están haciendo ya, a escudriñar ejercicios presupuestales y no dudarán en hacerle al gobernador la vida de cuadritos. Será una lucha de poder a poder, o ya lo es.

Las tensiones políticas, sin embargo, no son negativas en sí mismas, tienen sus ventajas y son hasta agradables. Los contrapesos políticos son necesarios, no todo es para el César, reditúan en credibilidad y confianza ciudadana. No hay nada más peligroso y negativo para una comunidad que un gobernante haga lo que le venga en gana sin que haya nadie que le ponga freno y le diga que solo es un mortal, no un semidios.

Los morenos tienen que dimensionar sus intervenciones sin afectar las actividades prioritarias del Ejecutivo solo para ajustar cuentas pasadas. Es vital que la política sea elevada al sitial de privilegio como opción única e inconfundible a favor de una vida pública ordenada. En tal coyuntura, el diálogo franco y sincero es el instrumento óptimo para llevar al buen fin los anhelos sociales.

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